América Latina vivió, en las dos últimas décadas, un auge de gobiernos autodenominados “progresistas” o “de izquierda” que reclamaron para sí la bandera de la justicia social, la soberanía popular y la redistribución de la riqueza.
Hoy, muchas de esas promesas han colapsado frente a la realidad objetiva de la pobreza sistémica, la corrupción endémica y la captura del Estado por redes clientelistas y mafiosas que han convertido a países enteros en narco-dictaduras camufladas de revolución.
Con la geopolítica global
reconfigurándose, 2026 marca un punto de inflexión: la reimplantación de la Pax
Americana, ahora bajo una versión explícita de la doctrine of force
que Franklin D. Roosevelt popularizó en el siglo XX, aparece como el contrapeso
necesario al fracaso de los proyectos geopolíticos impuestos por la URSS, China
e Irán en la región.
1) El
espejismo del “socialismo del siglo XXI” y la pobreza estructural
Los experimentos
bolivarianos en Venezuela, Nicaragua y Cuba prometieron emancipación económica
y sosiego social a amplios sectores empobrecidos. La realidad fue otra.
En Venezuela,
bajo los gobiernos de Hugo Chávez y su sucesor Nicolás Maduro, la pobreza se
disparó hasta afectar al 90 % de la población y desencadenó la peor crisis
económica en la historia reciente del continente, con desplomes drásticos en
producción de alimentos, disponibilidad básica y servicios esenciales, que
condujeron a una masiva emigración forzada de millones de ciudadanos. Wikipedia
Programas
sociales como las misiones bolivarianas, que en algún momento suscitaron
cierta narrativa de reducción de pobreza, terminaron siendo instrumentos de
clientelismo y corrupción, con una eficacia real cuestionada incluso por
estudios académicos independientes. Wikipedia
La hiperinflación
venezolana —con cifras tan extremas que superan varios millones por ciento
acumulado— destruyó el poder adquisitivo y convirtió en anécdota el ingreso
fijo, sumiendo en pobreza extrema a amplios sectores medios e industriales. Wikipedia
La promesa de
justicia distributiva se convirtió, en cambio, en una dramática
redistribución de la miseria.
2) El eje de
dictaduras y su penetración externa
- China, mediante acuerdos de deuda y préstamos
contra petróleo, otorgó créditos por billones de dólares que no generaron
proyectos productivos sostenibles y que han sido interpretados por
analistas como formas modernas de debt-trap diplomacy que limitan
la soberanía económica de los países deudores. The Guardian+1
- Rusia e Irán usaron a Venezuela y Cuba como plataformas
para expandir su influencia militar y diplomática en el hemisferio
occidental, buscando contrapesar el liderazgo occidental en contextos
estratégicos. En particular, los vínculos con Irán incluyeron cooperación
militar y petrolera que suscitaron alarmas geopolíticas en Estados Unidos
y en países aliados. AP News
La conjunción
entre élites locales autoritarias y patrocinadores externos no fortaleció la
democracia ni la prosperidad, sino que consolidó redes transnacionales de
corrupción, narcotráfico, lavado de dinero y alianzas extraestatales que operan
con impunidad bajo la protección del régimen. diariolasamericas.com
3) De la
United Fruit a los “narcoestados”: el espejismo de la explotación feudal
Las izquierdas
latinoamericanas denunciaron durante décadas la explotación multinacional
—símbolo político de paradigmas oligárquicos clásicos como la United Fruit
Company— como la encarnación del capitalismo depredador. Sin embargo, en la
práctica, la invasión de la economía por el crimen organizado y la captura
del Estado por mafias estatales han producido formas de dominación
económica más parecidas a un sistema feudal corrupto que a una liberación
popular.
Dictaduras que se
proclaman anticapitalistas utilizaron el control de recursos petroleros,
mineros o financieros no para redistribuir riqueza, sino para consolidar un
aparato de privilegios clientelistas, privilegios para las nomenklaturas y
violaciones sistemáticas de los derechos básicos. En muchos casos, incluso
la producción nacional se desplomó, y la dependencia de importaciones,
subsidios e ingresos de remesas se volvió generalizada. Wikipedia
En libertad
económica y bienestar, la comparación deja al socialismo bolivariano no como un
contrapeso de las multinacionales, sino como un gestor peor que la más
extractiva y tradicional de explotación.
4) El
reordenamiento geopolítico de 2026: expulsión de influencias extra occidentales
En este contexto,
la operación realizada por Estados Unidos, que culminó con la captura de
Nicolás Maduro y la reinserción de Venezuela en la órbita occidental —aún bajo
controversia internacional—, representa una implosión del eje de dictaduras
socialistas clientelares y la reducción de la influencia directa de
Irán, Rusia y China en el corazón estratégico latinoamericano. The Washington Post
Más allá de la
crítica a la legalidad o a los métodos, la política estadounidense ha enviado
un mensaje claro: la tolerancia a narcoestados que sirven como plataformas
de crimen transnacional y de influencia extranjera agresiva ha terminado.
Ahora, los mecanismos tradicionales de orden —comercio, inversión, seguridad
regional— se están reorganizando bajo principios que, aunque imperfectos,
buscan restaurar conexiones económicas y de gobernanza basadas en el derecho y
la cooperación, no en la violación sistemática de las libertades ni en
clientelismos autoritarios.
5) Impactos
nefastos del modelo chino, ruso e iraní
- Los préstamos chinos,
profundamente ligados a las exportaciones de materias primas, no lograron
construir un tejido industrial o tecnológico sostenible y dejaron a los
Estados altamente endeudados, con compromisos poco transparentes que
restringen las opciones de política económica soberana. The Guardian
- La presencia rusa en Venezuela sirvió
para consolidar contratos de armas y acuerdos energéticos que retuvieron
recursos críticos lejos de las cadenas de valor productivas. AP News
- El vínculo iraní —más político y
simbólico— reforzó redes que violan estándares internacionales de
transparencia y derechos humanos, consolidando un bloque de regímenes
aislacionistas que operan en sombra y complican la integración democrática
regional. Le Monde.fr
Conclusión
La transición de
2026 puede entenderse como el declive del proyecto de hegemonía marxista y
bolivariano en América Latina, y la reafirmación de un orden occidental basado
en instituciones, mercados y alianzas democráticas. No se trata de
idealizar la historia —el liberalismo sabe de sus propias fallas—, sino de
reconocer que los experimentos autoritarios del último cuarto de siglo han
terminado por exacerbar la pobreza, cooptar el Estado y fragmentar
sociedades enteras.
La restauración
de la Pax Americana no es, en realidad, un retorno a un pasado mítico,
sino un reordenamiento pragmático frente a los fracasos sistémicos de
proyectos políticos que prometieron liberación y entregaron dominación —ya sea
ideológica, económica o criminal.
El desafío futuro será que este nuevo alineamiento no dependa de cañoneras ni de intervenciones unilaterales, sino que evolucione hacia alianzas sólidas de prosperidad compartida, reglas claras, respeto a la soberanía y al Estado de derecho. Ese, y no otro, sería el verdadero triunfo liberal en 2026


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