Al desnudar sus diez años de coimas en Argentina (iniciados en el último año del gobierno de Menem y continuados por su sucesores y críticos hasta 2007), ante la justicia americana para salvar su permanencia en la Bolsa de Nueva York, Siemens hizo llegar las facturas políticas por el proceso de re-reelección basado en la creación del "DNI express" para millones de indocumentados alojados en el Gran Buenos Aires que llevaron adelante los socios mayores de la "franquicia" post-peronista, de Carlos Menem a Cristina Kirchner.
Pero lo más significativo de las noticias es que revelan la continuidad política y económica entre la corrupción menemista, aliancista, duhaldista y menemista que gobierna la Argentina desde 1989.
Otorgándole por tercer año consecutivo un notable segundo lugar en el índice de corrupción latinoamericano medido por los propios gobernados en Transparency International detrás de la Venezuela de Chávez.

La franquicia post-peronista ha establecido un régimen estable de corrupción sistémica, controlado por los mismos funcionarios y ministros rotativos, que oscilan del neoliberalismo al chavismo sin perder una sola cuota de metros cuadrados en su exclusiva República de Puerto Madero -el símbolo de 23 años de "sueños compartidos" y depositados en el valioso ladrillo y los ríos de lavado de dinero que desembocan en los seguros paraísos fiscales de Uruguay, islas Cayman, Bermudas y Suiza.
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