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Monday, March 28, 2011

Argentina de los censores "nacionales y populares": 60 años cerrando diarios desobedientes: de La Prensa (1951) a Clarín y La Nación (2011)


"La historia se repite, como una farsa"

Karl Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, 1862

Para los casi octogenarios sobrevivientes que eran adultos durante el peronismo de los años cincuenta, el asedio a Clarín y La Nación -con su quinto año consecutivo de piquetes sindicales impidiendo la distribución de los diarios- recuerda inmediatamente al de La Prensa que culminó en enero de 1951 con la expropiación del mayor diario opositor de la época, tras una muy similar campaña de hostigamiento que incluyó encarecerle el abastecimiento de papel con un "impuesto al agio" en 1946.


La diferencia, sin embargo, es que en aquel entonces, La Prensa nunca había sido aliada del gobierno como Clarín en los primeros 3 años del gobierno de Kirchner -cuando su director Magnetto y los Kirchner se tomaban fotos cariñosas-



Tampoco el asedio de 1950-51 tuvo como inmediato detonante y propósito el proteger a un dirigente gremial buscado por la justicia internacional por lavado de dinero robado de las obras sociales por su entera familia y su red de empresas contratistas.

En 1974, cuando los que hoy están en el poder eran diputados de la "maravillosa" Juventud Peronista, Perón les negó ante las cámaras de la televisión oficial y en cadena la expropiación de los canales de televisión privados en términos que daban a entender lo que había aprendido meditando en 18 años de exilio:¨en 1945 teníamos toda la prensa en contra y ganamos. En 1955 teníamos toda la prensa a favor y nos derrocaron".

Los miembros de aquella "juventud maravillosa" -integrada con una mezcla homogéneamente autoritaria de jóvenes Tacuaras, catequistas, alumnos del Liceo Militar y miembros de la Federación Juvenil Comunista- no resignaron su vocación antidemocrática y cuando insultaron en la Plaza de Mayo al propio Perón, fueron reclasificados en el acto (literalmente) en un hato de "estúpidos imberbes" que el anciano líder invitó a abandonar el peronismo.

Casi 40 años después, ya cincuentones, aquellos mismos expulsados de la Plaza, vueltos al poder por una ventana  abierta por una crisis oportuna como el Cámpora de los setentas, han decidido volver al proyecto de hegemonía absoluta en el control de los medios de información tradicionales, vía la "Ley de Medios" -que recuerda también al proyecto que Perón rechazara en 1974 y al que Hugo Chávez implantara en Venezuela- y finalmente, el asedio a Clarín -desde las pruebas de ADN a los Noble hasta los cierres y bloqueos de plantas- y más indirectamente a La Nación.

La censura "nacional y popular" tiene una tradición que se remonta a la mazorca rosista del siglo 19 -cuando Echeverría, Alberdi, Sarmiento y otros críticos de la dictadura de Rosas (1829-1852) se exilaban en Uruguay y Chile- y se reanuda en 1930 -cuando Leopoldo Lugones escribía discursos sobre "el ser nacional" al dictador Uriburu mientras su hijo picaneaba díscolos disidentes- pasando por las dictaduras nacionalistas de Ramirez-Rawson-Farrell (1943-46), Onganía (1966-69) y Viola-Galtieri (1980-1982) en las que los censores nacionales y populares cortajearon los filmes de Torre Nilsson a Armando Bo, afeitaron las melenas subversivas de Ernesto Deira, cerraron las exhibiciones extranjerizantes del Di Tella y celebraron la exclusión del "liberal" Borges del Premio Nobel de Literatura mientras los argentinos se enteraban de lo que la censura y propaganda ocultaban sintonizando la muy uruguaya Radio Colonia.

La historia se repite cuando no se aprende. Y en Argentina, la repetición parece ser el único método de estudio.

Mientras tanto, la Argentina sigue perdiendo posiciones desde 2002 en el índice de libertad de prensa publicado por Reporters without borders en el que ocupa actualmente el lugar 55, entre Paraguay y Haití.


La dictadura civil -instalada mediante la prórroga indefinida de los superpoderes legislativos, la cooptación del Poder Judicial a través del Consejo de la Magistratura y el uso político de inseguridad pública alentado con teorías pseudoprogresistas- sigue aislando a la Argentina en el corral delusional de los socios del "eje del mal" bolivariano, copando diarios y teleemisoras que siguen los que nunca los apoyarán, mientras incitan a la rebelión de los millones que se informan en Blogs y voltean a las dictaduras "nacionales y populares" comunicándose por los ingobernables Twitter y Facebook.

Las elecciones digitadas mediante el voto cautivo no alcanzan ya para disimularlo.

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Referencias