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Monday, October 14, 2019

Ecuador: Lenin atrapado en la trampa populista


En un anticipo de lo que le espera a Argentina y otros países atrapados en insostenibles trampas populistas, Lenin Moreno ha descubierto los menguantes límites de poder que dejan a los gobiernos que quieren cambiarlas.

Cuando la bonanza de las commodities termino en la crisis del 2008-2009, el "viento de cola" se extinguió para los minerales, petróleo y soja de los que vivían los "milagros" del populismo bolivariano propuesto por Chávez, Kirchner, Ortega y Correa.

Con la excepción (por ahora) de Venezuela, los países que habían formado el "arco bolivariano" de gobiernos populistas comenzaron a caer del mismo modo en que habian subido al poder. Sin caja que usar para sostener los precios subsidiados, los "días felices" se transformaron en tormentas sociales que derribaron a Correa, Kirchner, Lula (y su sucesora Dilma), Zelaya en Honduras.

Algunos gobiernos más previsores y flexibles, como el de Ollanta Humala en Perú, y el mismísimo Evo Morales -que siempre fue mas respetuoso con el oficialmente repudiado capitalismo- se volcaron hacia aperturas al mercado, atracción de inversiones extranjeras y liberalizacion politica que trajeron consecuentemente una notable mejora de sus economías.

Moreno en Ecuador y Macri en Argentina optaron por reformas "gradualistas" creyendo que era mas viable eliminar subsidios de a poco. Macri opto por un monstruoso endeudamiento -que culmino en un default y derrota electoral- y Moreno por un incremento demorado de combustibles (el llamado "gasolinazo") que genero una caótica protesta social y un cambio de rumbo.




Pero Moreno y el sucesor de Macri en Argentina se enfrentan con un callejón sin salida: no tienen recursos económicos para sostener los subsidios económicos y sociales ni tampoco apoyo social para dejarlos.

El sistema populista genera una trampa fatal, pues crea una espiral descendente al subsidiar el consumo penalizando la producción y el trabajo productivo. El empleo real se reemplaza por empleo artificial subsidiado y este último incrementa un consumo artificial que termina en hiperinflación como en el caso de Venezuela y Argentina.

La trampa populista se cierra y el sistema entra en una entropía auto destructiva de la que solo puede sacarlo un shock económico que solo se puede realizar con un gobierno fuerte con capacidad para doblegar la protesta social generando apoyo para la reforma.

Este parece ser el caso de Bolsonaro en Brasil, lo fue con Pinochet y luego los gobiernos civiles de la Convergencia en Chile, con Uribe en Colombia. 

Los moderados con planes graduales, como Moreno y Macri están aprendiendo, enfrentan problemas insolubles.

Sera tal vez mejor dejar las crisis a los populistas para generar salidas más decididas cuando ya no quede ninguna alternativa? 

Para Thatcher, el mejor argumento era "TINA" (There Is No Alternative).

La realidad se impone finalmente, cuando se acaba el dinero ajeno.



Saturday, June 1, 2019

America Latina: 2000-2019: el populismo aumento la pobreza


Los resultados de las tres mayores economias de America Latina: Brasil, Mexico y Argentina reflejan el resultado de dos decadas de politicas populistas y proteccionistas: mientras que el Sudeste de Asia cuadruplico su crecimiento con politicas de libre comercio y enfasis en la exportacion, America Latina redujo su PBI por habitante al igual que el Africa subsahariana.

The Economist muestra con claridad como las politicas proteccionistas de Chavez, Lula y Kirchner redundaron en una caida del ingreso debido a un estancamiento o reduccion del comercio exterior. Los mercados internos cerrados no pudieron sostener el nivel de ingresos, menos aun incrementarlo.

Este es un dato clave, porque no estamos hablando de un solo periodo de gobierno -aunque los populistas se eternizaron por una media de 15 anios en el poder en  Brasil, Venezuela y Argentina- sino de una tendencia clara a lo largo de dos decadas.

Aprenderan la leccion?  Lo dudamos.

El populismo tiene las mismas caracteristicas de una adiccion. Como con el alcoholismo o las drogas, produce una sensacion transitoria de bienestar al mismo tiempo que destruye el organismo y elimina gradualmente la voluntad y la autonomia respecto de la "droga".

Los subsidios "sociales" -como Bolsa Trabajo en Brasil, las Misiones de Venezuela o los "Planes Trabajar" y la "Asignacion Universal por Hijo" en Argentina- han ocultado antes que eliminado la pobreza, reduciendo los incentivos al trabajo productivo y el emprendedorismo.

La "proteccion" de las barreras aduaneras ha aumentado el costo de vida y desalentado la produccion de alimentos y bienes utiles, transfiriendo ingresos a una minoria de "amigopolios" protegidos que han lucrado con mercados cautivos aumentando precios y rentabilidad sin aumentar la produccion.

El resultado ha sido que los habitantes de America Latina necesitan cada vez mas dolares para comprar menos bienes y servicios, en un espiral de pobreza que ha hecho ya eclosion  en Venezuela, Brasil y Argentina.

Pero las politicas populistas -como el alcohol para el borracho o la droga para el adicto- sigue siendo popular y arrastrando votos, dificultando el cambio en tanto requiera algun grado de reduccion de subsidios para bajar impuestos o importar insumos que hagan exportables a las industrias locales.

Wednesday, April 24, 2019

Macri el camino al default esta lleno de medidas populistas


Como lo indica con claridad el economista Giacomini, Argentina va rumbo a una crisis similar a la del default hiperinflacionario de 1989.

La crisis no ha sido el resultado de las "politicas liberales" que prometio Macri en su campania sino de las medidas populistas con las que decidio gobernar desde 2016, postergando la necesaria reforma del Estado y la austeridad que requiere. 

En su lugar, como Giacomini bien explica, Macri opto por tomar deuda para "reactivar" aumentando de hecho el ya insostenible gasto publico. Agrego a la descomunal corrupcion, inflacion reprimida y costo insostenible de subsidios al consumo de su predecesora -que dejo una deuda de 250.000 millones de usd-



sumo una actualizacion de tarifas sin recortes de gasto, al mismo tiempo que tomaba 132.000 millones de USD de nueva deuda para financiar un colosal programa de obra publica con los que la deuda total trepo a 345.000 millones de USD o el 59% del PBI. Unas 7 veces las reservas, lo que disparo la primer cadena de corridas y forzo a recurrir al FMI.



Esto mostro un descuido suicida por la alarmante inflacion generada por la huida al dolar de los argentinos que, con lo que se cononce como "memoria inflacionaria" trasladan automaticamente a los precios todo movimiento del tipo de cambio.

Como en la eleccion de 1989, la alternativa electoral (volver a Cristina Kirchner) aterra por igual a inversionistas y votantes de clase media cuya fidelidad a Macri solo se explica por el terror.

A diferencia de Menem -que sin vacilar adopto un giro liberal como la convertibilidad- Macri no tiene margen para privatizar mas nada y ademas se encuentra en el dilema de que cuanto mas asuste a los votantes con la posibilidad del retorno de Cristina Kirchner, mas se disparan al dolar y este a los precios, como explica con su habitual claridad Carlos Pagni:


No quedan a la vista muchas alternativas ni tampoco botes salvavidas. Macri ha perdido demasiada credibilidad y poder interno como para poder lanzar un plan coherente (y obvio) como el que le proponian los economistas serios como Jose Luis Espert 


y Javier Milei


No queda tiempo ni margen como para esperar una apertura economica y una reforma laboral que sobre bases estables -como ofrecio en su momento la Ley de Convertibilidad- permitirian recuperar la confianza y generar el crecimiento genuino que Argentina puede tener si quintuplica sus exportaciones -como calcula el experto en comercio exterior Marcelo Elizondo- 


O si reformara los costos y riesgos astronomicos del actual esquema laboral como recomienda Espert


Macri opto por priorizar los resultados electorales inmediatos y para ello combino un alto nivel de endeudamiento con un mantenimiento de la estructura laboral y de gasto insostenible que habia heredado, reforzando incluso estructuras populistas autodestructivas, como las asignaciones, planes y jubilaciones sin aportes previos ni actividad productiva y dejando intacto el sistema perverso de completa inseguridad juridica que mantiene un 40 % del empleo y los ingresos en negro y ahuyenta las inversiones.

Tras agotar las bengalas del gradualismo primero y el populismo despues, el Titanic argentino se dirige a toda maquina hacia el iceberg de un proximo default, esta vez con una disparatada "eleccion" entre opciones -Macri o Kirchner- que solo generan corridas cambiarias y aceleracion de la crisis.

Argentina ha perdido otra oportunidad para recuperar la normalidad perdida desde hace ya casi un siglo (1928 con la ley de alquileres de Yrigoyen marcaria el comienzo de la hipertrofia estatal y el vivir de la emision monetaria espuria en una economia cerrada).

La salida sigue siendo la misma: abrir la economia, establecer una moneda estable y cortar el sistema perverso de subsidios y trabas al comercio para oxigenar la economia y crear un mercado viable. Como Chile, que ya en 2009 supero en PBI per capita a la Argentina, entro en la OCDE y tiene un 8 % de pobres (de un 11 % en 2016).




O como en el resto de Sudamerica en las ultimas tres decadas, donde Argentina (rojo) fue el campeon de las caidas abruptas del PBI y los defaults, a un ritmo de casi dos por decada (mientras que Chile, Colombia y Brasil se "curaron" de espanto en las ultimas 4 decadas):



Pero todo esto, con el descalabro sucesivo y acumulado del populismo de  Kirchner y Macri requerira una austeridad draconiana, niveles de desempleo y pobreza similares a los de 1989 y 2001 y situaciones de conflicto social que una sociedad sin reglas, ni control ni seguridad juridica o personal no puede resolver sin niveles de caos impredecibles.

El problema mas grande de Argentina esta en el predominio de los mitos de una ideologia populista que hacen que -como en Venezuela- el diagnostico sea siempre equivocado y las soluciones sean por consiguiente incrementar las estructuras toxicas que destruyen el pais desde hace un siglo, agravando los problemas que creen combatir.

Si algo se puede aprender de este fracaso del gobierno de Macri es que no se sale de un pozo cavandolo.

Y que si se toma riesgo en un salto de "bungee jumping" como fue tomar semejantes niveles de deuda apostando a que el crecimiento le gane a la insolvencia (una de las quimeras del keynesianismo para imbeciles que predomina en Sudamerica) hay que medir la cuerda antes de tirarse de cabeza.

Monday, November 12, 2018

Lecturas recomendadas 69: Steven Pinker y La lucha entre democracia liberal y populismo nacionalista


“Los ideales de razón, ciencia y humanismo necesitan ser defendidos ahora más que nunca, porque sus logros pueden venirse abajo. El progreso no es una cuestión subjetiva. Y esto es sencillo de entender. La mayoría de la gente prefiere vivir a morir. La abundancia a la pobreza. La salud a la enfermedad. La seguridad al peligro. El conocimiento a la ignorancia. La libertad a la tiranía… Todo ello se puede medir y su incremento a lo largo del tiempo es lo que llamamos progreso. Eso es lo que hay que defender”  
Martinez Ahrens, J. (2018, November 12). Entrevista:Steven Pinker: “Los populistas están en el lado oscuro de la historia”
Al cumplirse el centenario del final de la Primera Guerra Mundial, el mundo aparece dividido en dos bandos claramente alineados con principios incompatibles: de un lado, la democracia liberal y pluralista y la libertad de comercio y mercados, del otro, una variedad de formas de populismo nacionalista, el resurgimiento de dictaduras alrededor de hombres fuertes que explotan habilmente los resentimientos y angustias de las crisis economicas orientandolos hacia chivos expiatorios -inmigrantes, Soros y los judios, ISIS y los musulmanes, los bancos y el capitalismo- para cosechar votos.

Los populismos nacionalistas son ademas de proteccionistas, en muchos casos beligerantes. La Europa del Este liderada por Rusia se rearma, invade Crimea y pone en marcha milicias reminiscentes de lo que comenzo la Primer Guerra Mundial, tambien una guerra nacionalista.

En su discurso por el centenario de la Gran Guerra, el presidente de Francia lanzo la alarma sobre las siniestras semejanzas entre aquel entonces y este ahora.  El presidente de Estados Unidos -ahora una potencia nacionalista, en vez de una internacionalista como lo fuera en 1918 cuando el presidente Woodrow Wilson fundo la Liga de Naciones, antecesora de la UN- hizo un desplante y no asistio, dando una senial mas de alarma sobre el futuro que espera a un mundo con una Europa remilitarizada y potencias en Asia y America luchando por hegemonia. Suena parecido a 1914, opino Macron.

En su libro Ilustracion Ahora (Enlighment Now), Pinker presenta contundentes argumentos a favor de los indudables logros del mundo moderno creado por el ascenso de las democracias liberales y republicanas de Europa y America, que han logrado aumentar los estandares de vida de la humanidad elevando a mas de 2 mil millones de personas de la pobreza en todo el mundo y generalizando el reconocimiento de los derechos civiles y humanos de las mujeres y las minorias etnicas, religiosas y politicas que el nacionalismo populista ve como peligros a la "soberania" de los soberanos dictadores populares,


En una reciente entrevista a El Pais, Pinker ha sumarizado la posicion de quienes defienden y promueven el orden liberal y sus libertades, amenazadas una vez mas por el nacionalismo xenofobo desde la extrema derecha y el clasismo desde la extrema izquierda.

He aqui algunos de los conceptos centrales:
Los ideales de razón, ciencia y humanismo necesitan ser defendidos ahora más que nunca, porque sus logros pueden venirse abajo. El progreso no es una cuestión subjetiva. Y esto es sencillo de entender. La mayoría de la gente prefiere vivir a morir. La abundancia a la pobreza. La salud a la enfermedad. La seguridad al peligro. El conocimiento a la ignorancia. La libertad a la tiranía… Todo ello se puede medir y su incremento a lo largo del tiempo es lo que llamamos progreso. Eso es lo que hay que defender” La Ilustración, en su definición, se vincu­la al capitalismo. Un concepto que ha entrado en crisis, ¿no? Ilustración y capitalismo van juntos, pero hay una confusión muy extendida. Muchos intelectuales entienden el mercado como el libre mercado, lo identifican con el anarcocapitalismo o el liberalismo extremo. Y no son la misma cosa. El propio Adam Smith fue claro al respecto. 
Pero con la Gran Recesión, una parte importante de la población, sobre todo la más joven, ha llegado a la conclusión de que el capitalismo y las instituciones que lo sustentan les han fallado. Y han dejado de confiar, se sienten los perdedores de la globalización. ¿Qué les diría? Lo primero, que miren los datos. Ni la globalización ni los mercados les han empobrecido. La realidad es bien distinta. La pobreza extrema ha descendido un 75% en 30 años. Lo segundo, no hay incompatibilidad entre los mercados y las regulaciones. Por el contrario, la experiencia de la Gran Recesión nos mostró que se debe evitar el caos de los mercados desregulados. Lo tercero, hay que recordar el poder de los mercados para mejorar la vida. El mayor descenso en la pobreza de la historia de la humanidad se ha dado probablemente en China y se ha logrado no mediante la redistribución masiva de riqueza desde los países occidentales, sino por el desarrollo de instituciones de mercado.El periodismo tiene un problema inherente: se concentra en acontecimientos particulares más que en las tendencias. Y le resulta más fácil tratar un hecho catastrófico que uno positivo. Esto acaba generando una visión distorsionada del mundo. El economista Max Roser lo ha explicado. Los periódicos podrían haber recogido ayer la noticia de que 137.000 personas escaparon de la pobreza. Es algo que lleva ocurriendo cada día desde hace 25 años, pero que nunca ha merecido un titular. El resultado es que 1.000 millones de personas han escapado de la pobreza extrema y nadie lo sabe.
¿Es el nacionalismo uno de esos factores de destrucción? 
Crecí en Quebec y las tensiones que hay en España no me son ajenas. El nacionalismo corre siempre el riesgo de hacerse maligno, pero puede ser benévolo, si funciona como un contrato social y se basa en la residencia, no en las creencias religiosas, clánicas o tribales. La mente humana, de hecho, tiene una categoría flexible de tribu: puede referirse a la raza, pero también a un equipo deportivo, a Windows contra Mac, a Nikon frente a Canon. Y además cabe su despliegue en múltiples niveles: uno puede estar orgulloso de ser de Harvard, de Boston, de Massachusetts y del mundo. Si nuestro sentido de nación coexiste con nuestro sentido de ser europeos y, más importante aún, de ser humanos y ciudadanos del mundo, puede ser benigno. El nacionalismo es pernicioso cuando se parte de una imposición tribal y se entiende como una suma cero: nuestra nación solo puede prosperar si a otras les va peor.¿Ayudan las redes sociales al populismo?
El populismo las ha usado. Ahora bien, no quiero echar la culpa de todo a las redes sociales. Eso se ha puesto muy de moda: hay un problema y se les atribuye la culpa. Las redes pueden ser usadas positivamente, como hizo Obama.
Vale, el mundo es un lugar mejor y los mercados ayudan a ello. Pero entonces, ¿por qué asistimos a un ascenso del populismo? Nadie lo sabe con certeza. Seguramente la Gran Recesión contribuyó a ello. En Europa hubo además un factor añadido. Al tiempo que se registraba una fuerte corriente migratoria desde los países musulmanes, aumentaba el terrorismo yihadista y se exageraba su riesgo. El resultado fue que el miedo y el prejuicio anidaron en muchos ciudadanos y se generó una reacción. No es algo nuevo. Los populistas están en el lado oscuro de la historia. Se sienten inquietos y marginados frente a esa corriente gradual e inexorable que conduce al cosmopolitismo, la liberalización de las costumbres, los derechos de las mujeres, los gais, las minorías… Eso asusta a esos hombres blancos mayores que forman su núcleo, que apoyan a Trump, al Brexit, a los partidos xenófobos europeos.¿Cuál es la ideología de fondo de ese movimiento?Tienen en común una mentalidad tribal, la misma que conduce al nacionalismo y al autoritarismo. Sienten hostilidad hacia las instituciones, buscan un líder natural que exprese la pureza y la verdad de la tribu. Les cuesta aceptar la idea democrática e ilustrada de que el gobernante es un custodio temporal del poder sometido a deberes y limitaciones.Es decir, rechazan el control de las instituciones democráticas.
Efectivamente. El énfasis de la Ilustración en las instituciones parte de la idea de que, dejados a su naturaleza, los humanos acabarán haciéndolo mal, agrediéndose, luchando por el poder… Frente a esto, no procede intentar cambiar la naturaleza humana, como siempre han buscado los totalitarismos, sino utilizar la propia la naturaleza humana para frenarla. Como dijo James Madison [presidente de EE UU de 1809 a 1817], la ambición contrarresta la ambición. De ahí el sistema de contrapoderes. Por supuesto que los líderes pretenden maximizar su poder, pero si los tribunales y los legisladores, aunque no sean ángeles, se les enfrentan, se neutralizan y se previene la dictadura.¿Les ve ganando el pulso?
No sé si el populismo vencerá a las fuerzas de la Ilustración, pero hay razones para pensar que no. Aunque Trump se empeñe en ello, los avances son muy difíciles de revertir. El populismo tiene una fuerte base rural y se extiende por las capas menos cultas de la sociedad. Pero el mundo es cada vez más urbano y educado. La generación de Trump, de hecho, desaparecerá y tomarán el poder los millennials, poco amigos del populismo.Y mientras eso llega, ¿no está el mundo en peligro con Trump?
Pues sí. Su personalidad es impulsiva, vengativa y punitiva. Y tiene el poder de declarar una guerra nuclear. Esas son razones suficientes. Pero además se opone a las instituciones que han permitido el progreso. Rechaza el comercio global, la cooperación internacional, la ONU… Si en estas últimas décadas no hemos sufrido una guerra mundial se debe a una serie de compromisos mutuos que parten de la premisa de que somos una comunidad de naciones y tomamos decisiones en consecuencia. Trump amenaza todo ello. Ha abandonado la aspiración de Obama de un mundo sin armas atómicas, ha rechazado el pacto con Irán y ha modernizado el arsenal nuclear… Sus instintos autoritarios están sometiendo a un test histórico al mundo y a la democracia estadounidense.¿Y cuál es su pronóstico?
Pienso que vencerán las instituciones. Hay muchas fuerzas opuestas a lo que dice Trump y que le impiden materializarlo. Incluso han surgido líderes carismáticos que se alinean con los valores de la Ilustración, como Justin Trudeau y Emmanuel Macron…No parecen suficientemente fuertes.
Para vencer al populismo se debe además reconocer el valor del progreso. Hay un hábito muy extendido entre intelectuales y periodistas que consiste en destacar solo lo negativo, en describir el mundo como si estuviera siempre al borde de la catástrofe. Es la mentalidad del default. Trump explotó esa forma de pensar y no encontró resistencia suficiente en la izquierda, porque una parte estaba de acuerdo. Pero lo cierto es que muchas instituciones, aunque imperfectas, resuelven problemas. Pueden evitar guerras y reducir la pobreza extrema. Y eso debe formar parte del entendimiento convencional de cada uno. 
Es usted un optimista.
Me gusta más definirme como un posibilista serio.
Frente a ese posibilismo, después de dos guerras mundiales, la bomba atómica, la proliferación de armas y el terrorismo, mucha gente no cree que el mundo sea un lugar mejor. ¿Están completamente equivocados? ¿No es necesario cierto pesimismo para no caer en la complacencia?  
Hay que ser realistas. Las cosas siempre pueden ir a peor y es cierto que la complacencia impide ver los peligros. Un riesgo es el fatalismo, la idea de para qué hay que molestarse en mejorar el mundo si el mundo no hace sino empeorar; son aquellos que piensan: si no es el cambio climático, serán los robots los que acaben con nosotros. El otro es el radicalismo. Mucha gente joven ve acertadamente errores en el sistema. Y eso es bueno, pero si se acaba pensando que las instituciones son tan disfuncionales que no merece la pena mejorarlas, entonces se entra en el terreno de las soluciones radicales: todo puede ser destruido porque nada vale. Mejor edificar sobre las cenizas. Ese es un error terrible, porque las cosas se vuelven mucho peores.
Martinez Ahrens, J. (2018, November 12). Entrevista: Steven Pinker: “Los populistas están en el lado oscuro de la historia”. Retrieved from El Pais Semanal: https://elpais.com/elpais/2018/06/07/eps/1528366679_426068.html 
Los liberales no son pocos, pero no forman un partido politico unico o un movimiento hegemonico como populistas, fascistas y comunistas -sus enemigos naturales-. 

El arco liberal va desde la socialdemocracia sueca hasta el capitalismo americano , con mayores o menores grados de enfasis en la libertad de mercado o la proteccion del estado, pero con un principio comun: la regla de ley -establecida por primera vez en 1215 en Inglaterra con la Carta Magna- que establece que el soberano o gobernante no esta por encima de la ley, ni tampoco las eventuales mayorias pueden disponer de modificaciones a los derechos naturales a la vida, la libertad y la busqueda de la felicidad, siendo los gobiernos sirvientes de los ciudadanos y no a la inversa, y sujetos obligados al cambio por las urnas y a la responsabilidad juridica por sus actos,

Dicho todo esto, se puede ver porque Trump, Putin y Xi se entienden mejor entre si que con sus vecinos.

La ola populista esta comenzando, y sus consecuencias, nos alerta Pinker, pueden ser otra serie de guerras entre nacionalismos estatales o etnicos como las que destruyeron a Europa y el mundo en las dos ultimas guerras globales.




Thursday, May 31, 2018

Vaivenes del populismo: derrumbe en el Tercer Mundo, ascenso en el Primero


Mientras Venezuela, Cuba, Ecuador, Bolivia y el resto del "arco bolivariano" entran en el colapso economico y social inevitable y caracteristico de lo que el economista de Harvard Sebastian Edwards llamo la "cuarta etapa de la macroeconomia populista", Estados Unidos y la UE transitan la segunda, con el ascenso de formulas similares a las que fracasaron en America Latina.

Paradojicamente, las razones son las mismas: ahora los que se quejan de la "globalizacion" y el "libre comercio" son los que eran acusados de beneficiarse con ellos, y los que demonizaban al NAFTA, la OMC y la apertura economica abogan por ellos.

La realidad en todos los casos tiene algo en comun: gobiernos que han agotado sus "tarjetas de credito" y estados benefactores saturados de beneficiarios y cortos de nuevos aportantes.

Los grandes capitales y las pensiones de las abuelas huyen al refugio del dolar y se aferran a la fantasia de un Euro aleman que solo los alemanes pueden sostener. Y hasta los alemanes se cansan.

Los populistas -como siempre- explotan y dirigen la desesperacion y la ira de los que se sienten estafados por los resultados de lo que votaron hacia enemigos externos e invisibles: para Trump y sus votantes -asi como para los de Gran Bretania, Francia, Espania, Italia, Grecia, Austria, Holanda, son los inmigrantes del tercer mundo que roban sus empleos y se cuelgan de sus beneficios. Santo remedio, con muros y deportaciones todo se resuelve y quedan postergados los reclamos.

Para los que estan del lado equivocado del muro -las "minorias" etnicas, los jovenes que no estudian ni trabajan, ni consiguen empleo- y los desalojados por quiebras hipotecarias y desempleo la culpa la tienen los bancos y el perfido Fondo Monetario o "la troika" de paises ricos que se niegan a seguir pagando.

En todos los casos, la "solucion final" es puramente imaginaria y autodestructiva. Los venezolanos y los cubanos lo saben ya de sobra.

Pero como dice el refran americano "todos los dias nace un tonto". Y todas las crisis paren millones de ellos.

La unica solucion sera la que siempre ha sido: ajustarse los cinturones y vivir de lo poco que queda, trabajando extra para la siguiente generacion.

Esa formula nunca ganara las elecciones, claro. Tampoco lo necesita.

La realidad y las leyes economicas no se votan, se cumplen.

Saturday, April 28, 2018

Lecturas recomendadas 65: "El Pueblo Soy Yo" de Enrique Krauze


Enrique Krauze, uno de los grandes historiadores academicos e intelectuales independientes de Mexico, acaba de publicar un libro titulado  "El pueblo soy yo" , que es a la vez una autobiografia politica e intelectual y un analisis de las fuentes de las popularidad de las dictaduras populistas que han plagado -y seguiran plagando- a America Latina.

Krause hace un breve repaso de su trayectoria intelectual y politica que vale la pena citar, porque muchos de nosotros y de nuestros lectores se sentiran -con sus mas y sus menos- identificados como parte de una generacion que crecio indoctrinada en los mitos revolucionarios de los sesentas y setentas:

Creo que, a riesgo de violar algun derecho comercial de autor -que creo sera compensado por la inivtacion a comprar y leer este libro admirablemente escrito, documentado y razonado (y aun asi breve) , es mejor dejar a Krauze explicar el proposito y motivos del libro:

"Éste es un libro contra la entrega del poder absoluto a una sola persona. Los ensayos que lo integran abordan el tema desde distintos miradores: la historia comparada de las ideas, culturas, teorías y filosofías políticas en España, Inglaterra, América Latina y Norteamérica desde el siglo XVI; la crítica de la actualidad política en este continente; y la historia de la demagogia —instrumento favorito del poder personal— en Grecia y Roma.

Tras el atroz siglo XX —si privara la razón, si sirviera la experiencia— un libro sobre el poder personal absoluto sería un ejercicio de tautología. No lo es, y es misterioso que no lo sea. El poder absoluto ha encarnado desde siempre en tiranos que llegan a él y se sostienen por la vía de las armas (como tantos militares africanos e iberoamericanos, genocidas varios de ellos).

Ese tipo de poder desnudo y brutal ha sido condenado axiomáticamente desde los griegos.

Pero en el siglo XX los más letales han sido los otros, los dictadores a quienes rodea un aura de legitimidad proveniente de ideologías, costumbres, tradiciones o del propio carisma del líder.

La revolución marxista, promesa de una nueva humanidad, encumbró a Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot. Las masas de jóvenes fascistas, cantando “Italia dará de sí”, llevaron a Mussolini al poder y a Italia al abismo.

Una parte de sus compatriotas vio en Franco al “caudillo de España por la Gracia de Dios”.

Hitler llegó al poder por la vía de los votos y se mantuvo 11 interminables años (quizá los más aciagos de la historia humana), apoyado por la adoración histérica de casi toda Alemania.

¿Cuántos muertos dejó la contabilidad acumulada de esos regímenes?

Centenares de millones.

¿No es ésa una prueba suficiente para repudiar la concentración absoluta de poder en un líder, quien quiera que sea, donde quiera que aparezca, cualquiera que sea su atractivo, su mensaje o ideología?

Por lo visto, no lo es.
Ni priva la razón ni sirve la experiencia.
Por eso no es inútil escribir un libro más sobre el tema.


Supongo que mi repudio al poder absoluto es una condición prenatal. Nací en 1947, en México, en el seno de una familia judía mermada (como casi todas) por la barbarie nazi.

En mi adolescencia, mi abuelo paterno —horrorizado ante las cenizas de su propio sueño de juventud—me desengañó del socialismo revolucionario: asesinatos masivos, hambrunas provocadas, juicios sumarios, el gulag.

La galería de autócratas “legítimos”que se me fue presentando en la vida reafirmó mi convicción: el presidente mexicano Gustavo Díaz Ordaz, “emanado”de la Revolución mexicana, ordenó la masacre de estudiantes de 1968 que nunca perdonará la historia.

Fidel Castro, héroe continental, heredero de Martí y Bolívar, nuestro David contra el Goliat del imperialismo, terminó entregando su isla al Goliat ruso, como entendí muy temprano (en agosto de 1968) cuando apoyó a la invasión soviética que ahogó la Primavera de Praga y, con ella, la posibilidad de un “socialismo con rostro humano”.

Cuando comencé a ejercer la crítica política, saludé el triunfo de la Revolución sandinista contra el tirano Somoza. En marzo de 1979 visité Santiago de Chile (con el Palacio de La Moneda cerrado, y el toque de queda en las calles y las almas) y Buenos Aires (sumida en el terror cotidiano por el régimen que “desaparecía” a miles de opositores, o sospechosos de serlo).

Meses después publiqué en Vuelta (la revista de Octavio Paz, en la que fui secretario de redacción) un reportaje que denunciaba ambas dictaduras “nacionalistas” y “salvadoras”.

Fue un orgullo que ambos regímenes prohibieran la circulación de nuestra revista. Para quienes colaborábamos en Vuelta no había dictadores buenos.

No hacíamos distinción entre dictadores de izquierda y de derecha.

Los criticamos a todos.

Con ese espíritu, denunciamos la amarga experiencia soviética y cubana y publicamos los estrujantes textos de Simon Leys sobre el genocidio de la Revolución Cultural de Mao.

En 1981 Gabriel Zaid reveló los intereses materiales y la semilla totalitaria en los guerrilleros salvadoreños que buscaban emular al régimen cubano. Ahí estaban los hechos, pero ninguna evidencia convencía a los fanáticos.

Por pedir elecciones en Nicaragua, en su discurso en la Feria de Frankfurt, Octavio Paz recibió el escarnio de la izquierda mexicana, que quemó su efigie en las calles de México.

Esa intolerancia radical era la comprobación de nuestras tesis: un amplio sector de la izquierda latinoamericana no era democrática ni creía en la libertad. Contra viento y marea, nosotros sí.

No se respiraban aires democráticos en la región. La Revolución socialista estaba en la mente y el corazón de estudiantes, académicos, artistas e intelectuales en toda Iberoamérica.

A contracorriente, Vuelta publicó, junto con las revistas Dissent y Esprit, un libro que titulamos América Latina: Desventuras de la democracia (Joaquín Mortiz, 1984).

Contenía ensayos de Mario Vargas Llosa, Guillermo Cabrera Infante, Ernesto Sabato, Jorge Edwards, entre otros.

A pesar de la recuperación de la democracia en Argentina en 1983, el título revelaba nuestro escepticismo.

Como editor del libro, entendí que la pregunta que me había hecho, desde el oficio de historiador, sobre el poder personal en México, abarcaba muchas otras relativas a América Latina. Esas preguntas eran tan pertinentes entonces como ahora.

 ¿Por qué Nuestra América —como la llamó Martí— ha sido tierra de caudillos, dictadores, redentores? ¿Cuál es nuestro concepto de Estado y por qué, en muchos casos, es tan preponderante sobre los individuos? ¿Cuál es la genética de nuestras revoluciones? ¿Por qué nos ha sido tan difícil arraigar las instituciones, leyes, valores y costumbres de la democracia liberal? ¿Por qué pende siempre sobre nosotros la sombra terrible del poder absoluto concentrado en una persona?

Junto a esas preguntas, me formulaba otras sobre Estados Unidos:

 ¿Cuál es la raíz de su democracia liberal? ¿Qué oculta o revela su cara racista, imperialista, nativista, arrogante, ensimismada? ¿Cuál ha sido la naturaleza histórica de nuestra relación?

Pensar América Latina en su conjunto no ha sido una cualidad de los latinoamericanos. Un ciudadano de cualquiera de nuestros países apenas conoce la historia del resto. Esa ignorancia de nosotros mismos nos empobrece y nos priva de ver con perspectiva global nuestros problemas.

Han sido pocos los intelectuales propiamente latinoamericanos. No me refiero, claro está, a los poetas y novelistas cuya obra es no sólo latinoamericana sino universal. Me refiero a los ensayistas.

En México las excepciones fueron Alfonso Reyes, José Vasconcelos y Pedro Henríquez Ureña. Y el discípulo de todos ellos: Daniel Cosío Villegas.

En cambio la preocupación con respecto a Estados Unidos ha sido más generalizada, así de machacante ha sido su presencia entre nosotros.

En México, hemos tenido la vista fija en ellos desde nuestra independencia, y así seguimos. Nuestra historia y nuestra geografía lo imponen. ¿Quiénes son ellos? ¿Y quiénes nosotros? ¿Hay un espacio de convivencia? Son cuestiones que importaron centralmente a grandes autores mexicanos desde hace dos siglos. Yo quería voltear hacia el sur para entendernos mejor.

 Y quería mirar hacia el norte para entenderlos mejor. Justo en ese arranque de los ochenta tuve un encuentro que me ayudó en ambos afanes. Fue la amistad del historiador Richard M. Morse, cuya vida estaba dedicada precisamente a esa labor de comprensión.

En 1982 Morse publicó una pequeña obra maestra: El espejo de Próspero.

Era un ensayo sobre la “prehistoria” de las ideas políticas de Iberoamérica y Angloamérica (el sondeo de nuestras profundas y divergentes “premisas culturales” en España e Inglaterra) que condicionó nuestra historia moderna desde la Independencia hasta la segunda mitad del siglo XX y que, a su juicio, la seguiría condicionando en el porvenir.

Ese libro fue mi biblia. Tengo tres ejemplares, subrayados todos.

Morse fue mi intérprete de América Latina. Lo vi como un arqueólogo del poder, el descubridor del Santo Grial de nuestra historia política. Han pasado casi 40 años. Ahora, urgido por la gravedad de nuestra circunstancia política en México, Latinoamérica y Estados Unidos, retomo el diálogo con su obra. Fue un gran lector de las dos Américas. Releerlo no sólo ha sido un privilegio sino una necesidad.

El pueblo soy yo es un libro de ensayos históricos y críticos: no un tratado, un sistema o una obra unitaria. Su género es la libre reflexión histórica. Morse lo llamaba usable past.

Interrogar al pasado y dialogar con él puede encerrar lecciones, aclarar el presente, atenuar los riesgos del futuro. Está compuesto de cuatro secciones.

Titulé a la primera “Anatomía del poder en América Latina”.

 Se centra en la obra de Morse que cubre cinco siglos de historia y filosofía política. Aunque le he dedicado algunos textos, nunca lo había hecho de manera crítica. No tenía distancia. Me parecía que sus escritos sobre la herencia política escolástica en Iberoamérica explicaban la atávica disposición de nuestros pueblos a obedecer (a venerar) a la Corona y a sus avatares (caudillos, presidentes, dictadores), y con eso me bastaba.

Al paso del tiempo, sin negar su núcleo de verdad, la visión morsiana de la historia política iberoamericana posterior a la Independencia me resultó iluminadora pero reductiva, sobre todo por su desdén del legado liberal. Era como si nos imaginara presos en una caverna platónica sin posibilidad de salir de ella, condenados a esperarlo todo del Estado tutelar y patriarcal o a venerar al caudillo en turno que nos ofrece redención. No ha sido así.

Por momentos nos hemos negado a entrar en la caverna y, en algunos casos, tras largos periodos de oscuridad, hemos salido de ella. Por otra parte, su crítica moral a la atomista sociedad estadounidense (afín al enfoque marxista de la Escuela de Frankfurt) me pareció siempre errada. Ahora, para mi inmensa sorpresa, le doy toda la razón.

Tránsfuga de su tierra en la nuestra, exiliado de sí mismo en su tierra, Morse fue un pensador puente entre las dos Américas.

Por todo ello, y por el valor interpretativo de su obra, decidí construir este libro a partir de sus libros, con una amplia exploración sobre su teoría del poder, pero también debatiendo con ella.

En el primer ensayo de “Anatomía del poder en América Latina” expongo detalladamente su teoría histórica y filosófica. Lo llamé, desde luego, “El código Morse”. Ahí están las raíces de nuestra cultura política, no predestinada —en absoluto— para la democracia liberal.

Y ahí están, también, en un proceso no menos dilatado de formación política e intelectual, las raíces de la cultura liberal y democrática de Estados Unidos. Pero, al dibujar el perfil de las dos Américas desde su origen, Morse rescata y explica los muchos rasgos morales y sociales que hacen de nuestra civilización latinoamericana (así la llama) un espacio de convivencia mucho más rico y variado que el desolado mundo del Próspero americano.

A esta recuperación del pensamiento de Morse sigue —digamos— su antítesis. Se trata de una “carta a su espíritu” que nunca pude escribirle en vida, pero que hasta ahora he podido formular y que él leerá, quizá, en el plano de lo eterno.

Es mi respuesta puntual a sus tesis. El compendio de nuestras simpatías y diferencias. En el fondo, mi carta es una reivindicación del legado liberal en Iberoamérica.

Finalmente, utilizo su método favorito (interrogar a la literatura para conocer la historia) ofreciendo una lectura de Benito Cereno, la misteriosa novela de Herman Melville, que encierra muchas claves sobre las dos Américas, la injusticia extrema y la rebelión.

En la segunda parte, titulada “Populismo y dictadura”, el lector advertirá —al menos eso espero— cómo la perspectiva teórica e histórica de Morse aclara el presente. La preside una breve discusión sobre “La palabra populismo” y un “Decálogo del populismo” (publicado en 2005, que aún creo vigente).

Su tema es el poder personal absoluto en cuatro casos: dos reales (Cuba y Venezuela) y dos potenciales (España y México). Sobre Cuba, cuyo destino me ha preocupado desde la juventud, escribí en 2015 “La profecía y la realidad”, un balance histórico de ese país rico, vital y creativo que Fidel Castro prometió redimir, para terminar volviéndolo su hacienda personal, lo que Alejandro Rossi llamó “su isla de pesadumbre”.

Mi ensayo parte de la obra del gran latinoamericanista Waldo Frank sobre la Revolución cubana, escrita en los albores de ese movimiento que llenó de esperanza al continente. Mi texto explora detenidamente la quiebra de esa utopía y se detiene finalmente en la obra de Marc Frank, el nieto de Waldo, reportero de varios periódicos de habla inglesa que ha vivido en Cuba desde los años ochenta.

El arco entre ambos libros, entre ambos autores, es una metáfora de Cuba: la tensión entre la profecía y la realidad.

En 2009 publiqué El poder y el delirio.

Quise conocer de primera mano el funcionamiento del populismo venezolano. En mis viajes e investigaciones sentí que la vocación social de Chávez era genuina, pero ante los chavistas sostuve que, para ponerla en práctica, no se requería instaurar una dictadura.

El daño más serio que Chávez infligía a Venezuela era la confiscación de la palabra pública, la distorsión de la verdad histórica, y sobre todo el discurso de odio que practicaban él mismo y sus voceros. Quienes no estaban con él estaban contra “el pueblo”.

Había que denigrarlos, expropiarlos, doblegarlos, acallarlos. Tras esa inmersión en la crispada circunstancia venezolana, convencido de que Chávez llevaría su país al abismo económico, político, moral y humanitario al que conducen siempre esos regímenes autocráticos, escribí aquel libro.

Ahora, en El pueblo soy yo, escribo el epitafio. Lo he titulado, sin la menor hipérbole, “La destrucción de Venezuela”. Los dos ensayos siguientes son una advertencia preventiva.

La menor es para España, pues al parecer no prendió el injerto del populismo cuyos rasgos señalé en “El narcisismo de Podemos”. Con todos sus defectos, vicios y limitaciones, el pacto fundacional de la democracia española se sostiene.

Pero para México, donde se perfila el posible triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones de julio de 2018, la inclusión del ensayo “El mesías tropical”es un llamado, en el sentido más grave del término.

Lo publiqué en 2006 y lo incluyo ahora, sin cambiar una coma, porque ni un coma ha cambiado él de su actitud redentora: él mismo se ha definido como el “salvador”de México. Creo que, de triunfar, usará su carisma para prometer la vuelta de un orden arcádico (o el advenimiento de un orden utópico) y con ese poder acumulado, habiendo llegado gracias a la democracia, buscará corroer su tronco desde dentro, dominando las instituciones, desvirtuando las leyes, acotando las libertades.

Como posdata, he incluido una reflexión que pone al día la encrucijada: “México: caudillismo y redención”.

La tercera sección de El pueblo soy yo también se centra en el presente. Se titula “Fascista americano”.

Nunca tuve duda de llamar así a Donald Trump, no como un insulto sino como una descripción.

Un profeta que preparó el camino y anunció sus temas centrales fue el profesor de Harvard Samuel Huntington.

En 2004 publiqué en Estados Unidos una refutación de sus teorías racistas y nativistas (orientadas directamente contra los inmigrantes mexicanos) que recojo ahora como preámbulo a una cadena de textos breves —una bitácora, de hecho—que dediqué a advertir, anticipar, analizar, lamentar y repudiar el arribo de Trump a la presidencia de Estados Unidos. No extraigo ninguna satisfacción en haber acertado.

La cuarta y última sección del libro es —a la manera de Morse—filosófica, histórica y literaria. Se titula “La demagogia, tumba de la democracia”.

Se trata de una vuelta al mundo clásico, cuna de la democracia y la república que padecieron los mismos gérmenes de destrucción que ahora observamos, y sucumbieron, en parte, debido a ellos. Sobre Roma, propongo una interpretación del Coriolano de Shakespeare y de su fuente principal, Plutarco, a la luz del populismo. Y finalmente, en “Meditación en Atenas”, recuerdo lo que los griegos supieron bien: las democracias son mortales.

Este libro es un pequeño viaje histórico, un testimonio personal, una acumulación de lo visto, oído, leído, conversado y aprendido sobre el poder personal absoluto. Y es también una argumentación crítica contra quienes, en nuestro tiempo, sienten encarnar cuatro palabras que, juntas, deberían ser impronunciables: el pueblo soy yo."

Por este enlace pueden obtenerlo online, o bien apoyar a su libreria local -asumiendo que la censura "progresista" no haya impedido publicarlo como ocurre con los libros de Raymond Aron, a quien dedico estos posts usando su nombre como pseudonimo en homenaje .