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Saturday, April 28, 2018

Lecturas recomendadas 65: "El Pueblo Soy Yo" de Enrique Krauze


Enrique Krauze, uno de los grandes historiadores academicos e intelectuales independientes de Mexico, acaba de publicar un libro titulado  "El pueblo soy yo" , que es a la vez una autobiografia politica e intelectual y un analisis de las fuentes de las popularidad de las dictaduras populistas que han plagado -y seguiran plagando- a America Latina.

Krause hace un breve repaso de su trayectoria intelectual y politica que vale la pena citar, porque muchos de nosotros y de nuestros lectores se sentiran -con sus mas y sus menos- identificados como parte de una generacion que crecio indoctrinada en los mitos revolucionarios de los sesentas y setentas:

Creo que, a riesgo de violar algun derecho comercial de autor -que creo sera compensado por la inivtacion a comprar y leer este libro admirablemente escrito, documentado y razonado (y aun asi breve) , es mejor dejar a Krauze explicar el proposito y motivos del libro:

"Éste es un libro contra la entrega del poder absoluto a una sola persona. Los ensayos que lo integran abordan el tema desde distintos miradores: la historia comparada de las ideas, culturas, teorías y filosofías políticas en España, Inglaterra, América Latina y Norteamérica desde el siglo XVI; la crítica de la actualidad política en este continente; y la historia de la demagogia —instrumento favorito del poder personal— en Grecia y Roma.

Tras el atroz siglo XX —si privara la razón, si sirviera la experiencia— un libro sobre el poder personal absoluto sería un ejercicio de tautología. No lo es, y es misterioso que no lo sea. El poder absoluto ha encarnado desde siempre en tiranos que llegan a él y se sostienen por la vía de las armas (como tantos militares africanos e iberoamericanos, genocidas varios de ellos).

Ese tipo de poder desnudo y brutal ha sido condenado axiomáticamente desde los griegos.

Pero en el siglo XX los más letales han sido los otros, los dictadores a quienes rodea un aura de legitimidad proveniente de ideologías, costumbres, tradiciones o del propio carisma del líder.

La revolución marxista, promesa de una nueva humanidad, encumbró a Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot. Las masas de jóvenes fascistas, cantando “Italia dará de sí”, llevaron a Mussolini al poder y a Italia al abismo.

Una parte de sus compatriotas vio en Franco al “caudillo de España por la Gracia de Dios”.

Hitler llegó al poder por la vía de los votos y se mantuvo 11 interminables años (quizá los más aciagos de la historia humana), apoyado por la adoración histérica de casi toda Alemania.

¿Cuántos muertos dejó la contabilidad acumulada de esos regímenes?

Centenares de millones.

¿No es ésa una prueba suficiente para repudiar la concentración absoluta de poder en un líder, quien quiera que sea, donde quiera que aparezca, cualquiera que sea su atractivo, su mensaje o ideología?

Por lo visto, no lo es.
Ni priva la razón ni sirve la experiencia.
Por eso no es inútil escribir un libro más sobre el tema.


Supongo que mi repudio al poder absoluto es una condición prenatal. Nací en 1947, en México, en el seno de una familia judía mermada (como casi todas) por la barbarie nazi.

En mi adolescencia, mi abuelo paterno —horrorizado ante las cenizas de su propio sueño de juventud—me desengañó del socialismo revolucionario: asesinatos masivos, hambrunas provocadas, juicios sumarios, el gulag.

La galería de autócratas “legítimos”que se me fue presentando en la vida reafirmó mi convicción: el presidente mexicano Gustavo Díaz Ordaz, “emanado”de la Revolución mexicana, ordenó la masacre de estudiantes de 1968 que nunca perdonará la historia.

Fidel Castro, héroe continental, heredero de Martí y Bolívar, nuestro David contra el Goliat del imperialismo, terminó entregando su isla al Goliat ruso, como entendí muy temprano (en agosto de 1968) cuando apoyó a la invasión soviética que ahogó la Primavera de Praga y, con ella, la posibilidad de un “socialismo con rostro humano”.

Cuando comencé a ejercer la crítica política, saludé el triunfo de la Revolución sandinista contra el tirano Somoza. En marzo de 1979 visité Santiago de Chile (con el Palacio de La Moneda cerrado, y el toque de queda en las calles y las almas) y Buenos Aires (sumida en el terror cotidiano por el régimen que “desaparecía” a miles de opositores, o sospechosos de serlo).

Meses después publiqué en Vuelta (la revista de Octavio Paz, en la que fui secretario de redacción) un reportaje que denunciaba ambas dictaduras “nacionalistas” y “salvadoras”.

Fue un orgullo que ambos regímenes prohibieran la circulación de nuestra revista. Para quienes colaborábamos en Vuelta no había dictadores buenos.

No hacíamos distinción entre dictadores de izquierda y de derecha.

Los criticamos a todos.

Con ese espíritu, denunciamos la amarga experiencia soviética y cubana y publicamos los estrujantes textos de Simon Leys sobre el genocidio de la Revolución Cultural de Mao.

En 1981 Gabriel Zaid reveló los intereses materiales y la semilla totalitaria en los guerrilleros salvadoreños que buscaban emular al régimen cubano. Ahí estaban los hechos, pero ninguna evidencia convencía a los fanáticos.

Por pedir elecciones en Nicaragua, en su discurso en la Feria de Frankfurt, Octavio Paz recibió el escarnio de la izquierda mexicana, que quemó su efigie en las calles de México.

Esa intolerancia radical era la comprobación de nuestras tesis: un amplio sector de la izquierda latinoamericana no era democrática ni creía en la libertad. Contra viento y marea, nosotros sí.

No se respiraban aires democráticos en la región. La Revolución socialista estaba en la mente y el corazón de estudiantes, académicos, artistas e intelectuales en toda Iberoamérica.

A contracorriente, Vuelta publicó, junto con las revistas Dissent y Esprit, un libro que titulamos América Latina: Desventuras de la democracia (Joaquín Mortiz, 1984).

Contenía ensayos de Mario Vargas Llosa, Guillermo Cabrera Infante, Ernesto Sabato, Jorge Edwards, entre otros.

A pesar de la recuperación de la democracia en Argentina en 1983, el título revelaba nuestro escepticismo.

Como editor del libro, entendí que la pregunta que me había hecho, desde el oficio de historiador, sobre el poder personal en México, abarcaba muchas otras relativas a América Latina. Esas preguntas eran tan pertinentes entonces como ahora.

 ¿Por qué Nuestra América —como la llamó Martí— ha sido tierra de caudillos, dictadores, redentores? ¿Cuál es nuestro concepto de Estado y por qué, en muchos casos, es tan preponderante sobre los individuos? ¿Cuál es la genética de nuestras revoluciones? ¿Por qué nos ha sido tan difícil arraigar las instituciones, leyes, valores y costumbres de la democracia liberal? ¿Por qué pende siempre sobre nosotros la sombra terrible del poder absoluto concentrado en una persona?

Junto a esas preguntas, me formulaba otras sobre Estados Unidos:

 ¿Cuál es la raíz de su democracia liberal? ¿Qué oculta o revela su cara racista, imperialista, nativista, arrogante, ensimismada? ¿Cuál ha sido la naturaleza histórica de nuestra relación?

Pensar América Latina en su conjunto no ha sido una cualidad de los latinoamericanos. Un ciudadano de cualquiera de nuestros países apenas conoce la historia del resto. Esa ignorancia de nosotros mismos nos empobrece y nos priva de ver con perspectiva global nuestros problemas.

Han sido pocos los intelectuales propiamente latinoamericanos. No me refiero, claro está, a los poetas y novelistas cuya obra es no sólo latinoamericana sino universal. Me refiero a los ensayistas.

En México las excepciones fueron Alfonso Reyes, José Vasconcelos y Pedro Henríquez Ureña. Y el discípulo de todos ellos: Daniel Cosío Villegas.

En cambio la preocupación con respecto a Estados Unidos ha sido más generalizada, así de machacante ha sido su presencia entre nosotros.

En México, hemos tenido la vista fija en ellos desde nuestra independencia, y así seguimos. Nuestra historia y nuestra geografía lo imponen. ¿Quiénes son ellos? ¿Y quiénes nosotros? ¿Hay un espacio de convivencia? Son cuestiones que importaron centralmente a grandes autores mexicanos desde hace dos siglos. Yo quería voltear hacia el sur para entendernos mejor.

 Y quería mirar hacia el norte para entenderlos mejor. Justo en ese arranque de los ochenta tuve un encuentro que me ayudó en ambos afanes. Fue la amistad del historiador Richard M. Morse, cuya vida estaba dedicada precisamente a esa labor de comprensión.

En 1982 Morse publicó una pequeña obra maestra: El espejo de Próspero.

Era un ensayo sobre la “prehistoria” de las ideas políticas de Iberoamérica y Angloamérica (el sondeo de nuestras profundas y divergentes “premisas culturales” en España e Inglaterra) que condicionó nuestra historia moderna desde la Independencia hasta la segunda mitad del siglo XX y que, a su juicio, la seguiría condicionando en el porvenir.

Ese libro fue mi biblia. Tengo tres ejemplares, subrayados todos.

Morse fue mi intérprete de América Latina. Lo vi como un arqueólogo del poder, el descubridor del Santo Grial de nuestra historia política. Han pasado casi 40 años. Ahora, urgido por la gravedad de nuestra circunstancia política en México, Latinoamérica y Estados Unidos, retomo el diálogo con su obra. Fue un gran lector de las dos Américas. Releerlo no sólo ha sido un privilegio sino una necesidad.

El pueblo soy yo es un libro de ensayos históricos y críticos: no un tratado, un sistema o una obra unitaria. Su género es la libre reflexión histórica. Morse lo llamaba usable past.

Interrogar al pasado y dialogar con él puede encerrar lecciones, aclarar el presente, atenuar los riesgos del futuro. Está compuesto de cuatro secciones.

Titulé a la primera “Anatomía del poder en América Latina”.

 Se centra en la obra de Morse que cubre cinco siglos de historia y filosofía política. Aunque le he dedicado algunos textos, nunca lo había hecho de manera crítica. No tenía distancia. Me parecía que sus escritos sobre la herencia política escolástica en Iberoamérica explicaban la atávica disposición de nuestros pueblos a obedecer (a venerar) a la Corona y a sus avatares (caudillos, presidentes, dictadores), y con eso me bastaba.

Al paso del tiempo, sin negar su núcleo de verdad, la visión morsiana de la historia política iberoamericana posterior a la Independencia me resultó iluminadora pero reductiva, sobre todo por su desdén del legado liberal. Era como si nos imaginara presos en una caverna platónica sin posibilidad de salir de ella, condenados a esperarlo todo del Estado tutelar y patriarcal o a venerar al caudillo en turno que nos ofrece redención. No ha sido así.

Por momentos nos hemos negado a entrar en la caverna y, en algunos casos, tras largos periodos de oscuridad, hemos salido de ella. Por otra parte, su crítica moral a la atomista sociedad estadounidense (afín al enfoque marxista de la Escuela de Frankfurt) me pareció siempre errada. Ahora, para mi inmensa sorpresa, le doy toda la razón.

Tránsfuga de su tierra en la nuestra, exiliado de sí mismo en su tierra, Morse fue un pensador puente entre las dos Américas.

Por todo ello, y por el valor interpretativo de su obra, decidí construir este libro a partir de sus libros, con una amplia exploración sobre su teoría del poder, pero también debatiendo con ella.

En el primer ensayo de “Anatomía del poder en América Latina” expongo detalladamente su teoría histórica y filosófica. Lo llamé, desde luego, “El código Morse”. Ahí están las raíces de nuestra cultura política, no predestinada —en absoluto— para la democracia liberal.

Y ahí están, también, en un proceso no menos dilatado de formación política e intelectual, las raíces de la cultura liberal y democrática de Estados Unidos. Pero, al dibujar el perfil de las dos Américas desde su origen, Morse rescata y explica los muchos rasgos morales y sociales que hacen de nuestra civilización latinoamericana (así la llama) un espacio de convivencia mucho más rico y variado que el desolado mundo del Próspero americano.

A esta recuperación del pensamiento de Morse sigue —digamos— su antítesis. Se trata de una “carta a su espíritu” que nunca pude escribirle en vida, pero que hasta ahora he podido formular y que él leerá, quizá, en el plano de lo eterno.

Es mi respuesta puntual a sus tesis. El compendio de nuestras simpatías y diferencias. En el fondo, mi carta es una reivindicación del legado liberal en Iberoamérica.

Finalmente, utilizo su método favorito (interrogar a la literatura para conocer la historia) ofreciendo una lectura de Benito Cereno, la misteriosa novela de Herman Melville, que encierra muchas claves sobre las dos Américas, la injusticia extrema y la rebelión.

En la segunda parte, titulada “Populismo y dictadura”, el lector advertirá —al menos eso espero— cómo la perspectiva teórica e histórica de Morse aclara el presente. La preside una breve discusión sobre “La palabra populismo” y un “Decálogo del populismo” (publicado en 2005, que aún creo vigente).

Su tema es el poder personal absoluto en cuatro casos: dos reales (Cuba y Venezuela) y dos potenciales (España y México). Sobre Cuba, cuyo destino me ha preocupado desde la juventud, escribí en 2015 “La profecía y la realidad”, un balance histórico de ese país rico, vital y creativo que Fidel Castro prometió redimir, para terminar volviéndolo su hacienda personal, lo que Alejandro Rossi llamó “su isla de pesadumbre”.

Mi ensayo parte de la obra del gran latinoamericanista Waldo Frank sobre la Revolución cubana, escrita en los albores de ese movimiento que llenó de esperanza al continente. Mi texto explora detenidamente la quiebra de esa utopía y se detiene finalmente en la obra de Marc Frank, el nieto de Waldo, reportero de varios periódicos de habla inglesa que ha vivido en Cuba desde los años ochenta.

El arco entre ambos libros, entre ambos autores, es una metáfora de Cuba: la tensión entre la profecía y la realidad.

En 2009 publiqué El poder y el delirio.

Quise conocer de primera mano el funcionamiento del populismo venezolano. En mis viajes e investigaciones sentí que la vocación social de Chávez era genuina, pero ante los chavistas sostuve que, para ponerla en práctica, no se requería instaurar una dictadura.

El daño más serio que Chávez infligía a Venezuela era la confiscación de la palabra pública, la distorsión de la verdad histórica, y sobre todo el discurso de odio que practicaban él mismo y sus voceros. Quienes no estaban con él estaban contra “el pueblo”.

Había que denigrarlos, expropiarlos, doblegarlos, acallarlos. Tras esa inmersión en la crispada circunstancia venezolana, convencido de que Chávez llevaría su país al abismo económico, político, moral y humanitario al que conducen siempre esos regímenes autocráticos, escribí aquel libro.

Ahora, en El pueblo soy yo, escribo el epitafio. Lo he titulado, sin la menor hipérbole, “La destrucción de Venezuela”. Los dos ensayos siguientes son una advertencia preventiva.

La menor es para España, pues al parecer no prendió el injerto del populismo cuyos rasgos señalé en “El narcisismo de Podemos”. Con todos sus defectos, vicios y limitaciones, el pacto fundacional de la democracia española se sostiene.

Pero para México, donde se perfila el posible triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones de julio de 2018, la inclusión del ensayo “El mesías tropical”es un llamado, en el sentido más grave del término.

Lo publiqué en 2006 y lo incluyo ahora, sin cambiar una coma, porque ni un coma ha cambiado él de su actitud redentora: él mismo se ha definido como el “salvador”de México. Creo que, de triunfar, usará su carisma para prometer la vuelta de un orden arcádico (o el advenimiento de un orden utópico) y con ese poder acumulado, habiendo llegado gracias a la democracia, buscará corroer su tronco desde dentro, dominando las instituciones, desvirtuando las leyes, acotando las libertades.

Como posdata, he incluido una reflexión que pone al día la encrucijada: “México: caudillismo y redención”.

La tercera sección de El pueblo soy yo también se centra en el presente. Se titula “Fascista americano”.

Nunca tuve duda de llamar así a Donald Trump, no como un insulto sino como una descripción.

Un profeta que preparó el camino y anunció sus temas centrales fue el profesor de Harvard Samuel Huntington.

En 2004 publiqué en Estados Unidos una refutación de sus teorías racistas y nativistas (orientadas directamente contra los inmigrantes mexicanos) que recojo ahora como preámbulo a una cadena de textos breves —una bitácora, de hecho—que dediqué a advertir, anticipar, analizar, lamentar y repudiar el arribo de Trump a la presidencia de Estados Unidos. No extraigo ninguna satisfacción en haber acertado.

La cuarta y última sección del libro es —a la manera de Morse—filosófica, histórica y literaria. Se titula “La demagogia, tumba de la democracia”.

Se trata de una vuelta al mundo clásico, cuna de la democracia y la república que padecieron los mismos gérmenes de destrucción que ahora observamos, y sucumbieron, en parte, debido a ellos. Sobre Roma, propongo una interpretación del Coriolano de Shakespeare y de su fuente principal, Plutarco, a la luz del populismo. Y finalmente, en “Meditación en Atenas”, recuerdo lo que los griegos supieron bien: las democracias son mortales.

Este libro es un pequeño viaje histórico, un testimonio personal, una acumulación de lo visto, oído, leído, conversado y aprendido sobre el poder personal absoluto. Y es también una argumentación crítica contra quienes, en nuestro tiempo, sienten encarnar cuatro palabras que, juntas, deberían ser impronunciables: el pueblo soy yo."

Por este enlace pueden obtenerlo online, o bien apoyar a su libreria local -asumiendo que la censura "progresista" no haya impedido publicarlo como ocurre con los libros de Raymond Aron, a quien dedico estos posts usando su nombre como pseudonimo en homenaje .

Saturday, August 21, 2010

Deciamos en Marzo (y hoy vale la pena recordarlo):Barenboim da un concierto de inteligencia y tolerancia en el Obelisco



Un buen ejemplo para quienes viven encerrados en las trampas ideológicas tendidas por quienes explotan el resentimiento para ganar elecciones y forrar bolsillos con presupuestos militares y donaciones de mártires es el diálogo inaugurado hace ya 20 años entre el argentino-israelí Daniel Barenboim y el neoyorquino-palestino Edward Said (fallecido en 2003).

En medio de la intolerancia, la sectarización y la prepotencia con la que los Kirchner gobiernan por atropello convirtiendo a los ciudadanos en súbditos atemorizados, el maestro Daniel Barenboim se paró en el podio del Obelisco con la orquesta Divan para demostrar lo que se podría hacer también en Argentina si gobernaran la inteligencia y el talento en lugar de las coimas, la ley de la selva y el saqueo y la explotación de la mendicidad.

Y 50,000 argentinos llenaron la Avenida 9 de Julio respondiendo a la idea de que pueden ser mucho, pero mucho mejores:

Disfruten del diálogo civilizado entre ambos con Charlie Rose (uno de los enlaces favoritos de este Blog) e imaginen lo que hubiese dicho (y hecho) D´Elía.



Entre ambos crearon la Western-Eastern Divan, una orquesta judio-palestina que enseña a convivir en el arte y la inspiración de ambos, dirigida por el genio ya maduro de Barenboim-



Y unas breves palabras de explicacion de Barenboim



Y para los que no pueden conciliar el sueño pensando en el sueño de un mundo mejor -como se puede y por ende, se debe-, van las Variaciones Goldberg con el maestro:



Que explica con musica y su propia historia personal el valor de tener "múltiples nacionalidades" -como buen argentino que (a diferencia de los mexicanos que descienden de los aztecas y los bolivianos y peruanos que descienden de los incas, desciende de los barcos de inmigrantes)


Lo hago breve, me despido con toda la orquesta de lo que podría (y debería ser)

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Referencias

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Sunday, December 13, 2009

América Latina: aprobados y aplazados. La opinión de los latinoamericanos

La encuesta anual que Latinobarometro hace desde 1995 es reveladora: Chile, Brasil, Panamá y Uruguay encabezan la lista de los países donde se percibe "progreso"-más de un 50 % piensa que estará mejor- y Nicaragua, Guatemala, México y Argentina (en ese orden descendente) son los que tienen menos optimismo por el futuro.
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Sólo un 13 % de los argentinos ve progreso tras 6 años de gobierno "progresista".
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La situación económica futura del país y personal también refleja esta tabla de resultados:

Nicaragua, Honduras, México, Guatemalay Argentina encabezan la lista de los países donde la situación económica es percibida como peor - 57 % de los argentinos la ve como mala o muy mala-
Y la libreta de calificaciones de los líderes de las Américas también lo confirma: Obama, Lula, el Rey Juan Carlos, Zapatero de España y Bachelet obtienen puntajes superiores a 5 en la escala de 0 a 10 (Obama obtuvo un 7), mientras que Chávez queda al fondo de la tabla con 3 puntos y los demás líderes "progresistas bolivarianos" quedan también en la zona del aplazo. Cristina Kirchner obtiene 4,8 puntos.
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El nivel más bajo de aprobación es el de Cristina Kirchner, con sólo un 25 % de aprobación de su gestión.
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Sólo un 4 % cree que el modelo económico actual de Argentina tiene una distribución justa -contra un 30 % en 1996, con el "neoliberal" Menem-

A pesar de la continua prédica en contra, la mayoría de los venezolanos desea y cree que los mercados son el mejor vehículo para su economía - 70 % en 2009 contra 50 % en 2007-.
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Argentina también suma un 50 % de personas que en 2009 se han convencido de que los mercados son al menos "el mal menor", testimoniando lo que puede lograr la "cura por aversión" de las "estatizaciones" amigopólicas impuestas en ambos países:

Más datos para nuestros ojos mentirosos, contrabalanceando las "sinceras palabras" con las que nos inundan los dirigentes "progresistas".
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El progreso no está donde se lo declama, sino en donde se practican políticas sensatas y sostenidas.
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Incorporamos así a este Blog (ver al pie de la pagina) los indicadores de desempeño de Latinobarómetro.
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Referencias

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Saturday, September 19, 2009

Iranazo II: la lucha continúa

Una vez más las imágenes llaman a nuestros "ojos mentirosos" a la realidad: los opositores toman por asalto el acto contra Israel montado por el régimen fascista de los ayatollahs y lo convierten en un acto contra el Gobierno.



"Muerte a Israel" se convierte en "Muerte al dictador!" y "Ni Gaza, ni Líbano, nuestra vida por Irán", la consigna que expresa el hartazgo de toda una generación criada en el paraíso fundamentalista bajo las clásicas excusas antisemitas y antiamericanas.

La marea antifundamenalista sigue creciendo en todo Medio Oriente: Hezbollah pierde contra los moderados en el Libano, Hamás pierde en el Banco Oeste contra Fatah (y comienza a perder en Gaza). Ahmedinajad y Khamenei siguen muertos de pie.

Como el bloqueo cubano o las Malvinas, la ocupación de Palestina ya no sirve como causa cuando los gobiernos que la usan políticamente fracasan en proveer de una vida digna a sus votantes.

Una nueva generación exige libertad y resultados a los parásitos enquistados en el "ogro filantrópico"

"El padre dijo: "Este camino no tiene vuelta atrás". La hija respondió: "Ya no pedimos que nos devolváis los votos, sino nuestras vidas".

Narges Kalhor, cineasta iraní, hija de Mehdi Kalhor, asesor de Ahmedinajad, al pedir asilo politico en Alemania. (El País)

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Referencias
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Saturday, July 11, 2009

Los tres mejores gobiernos de América Latina: 25 años de resultados comparados

Sin ningún tipo de estruendo o autopromoción, sólo con 25 años de buenos gobiernos, Chile, Brasil y Colombia son hoy ejemplos de políticas sensatas y crecimiento sostenido.

Los "electrocardiogramas" de politicas de Estado durante 25 años: 1983-2009

Veamos la evolucion del Producto Bruto per Capita de Argentina (rojo), Brasil (azul) y Chile (verde) entre 1970 y 2009 (datos: Banco Mundial, Angus Maddison)

(Clicke en el gráfico para verlo a pantalla completa)

Los tres países volvieron a la democracia en los 80: Argentina fue el primero en 1983, Brasil lo siguió en 1985 y Chile volvió al pleno ejercicio constitucional en 1989.

Vista en la perspectiva del largo plazo -la que mide no sólo a los gobiernos sino a los pueblos-, Argentina se comportó como una "liebre" o un corredor de 100 metros llanos, registrando los índices más altos de crecimiento del PBI (Menem, 1992, 10,6 %) y los más profundos de caída (Duhalde, 2002, 13 %).

Chile y Brasil -pasando por las mismas crisis financieras y comerciales mundiales y regionales (tequilazo, caipirinhazo, recesiones de 2001 y 2008) muestran el comportamiento del maratonista: un solo año de PBI negativo -en rojo- contra 24 años de crecimiento

Argentina, en claro contraste, registra 9 años de caída del PBI contra 15 de crecimiento, con 3 sobre 3 años para Alfonsín -50%-, 2 sobre 10 años para Menem -20%- y 5 sobre 10 para el modelo Duhalde-Kirchner -50%-

Esto ha determinado que Argentina tenga hoy casi el mismo ingreso per capita que tenía en 1986 -y menos del que tenía en 1998-, mientras que Brasil y Colombia se han acercado, duplicando sus ingresos per capita y Chile está por superarlo.

Veamos porqué.

Chile


(Clicke en el gráfico para verlo a pantalla completa)

Partiendo de una situación mucho más desventajosa -un dictador (Pinochet) perpetuado hasta 1990 como senador vitalicio, una economía más pobre y menos población- Chile hizo gala de un certero pragmatismo al mantener una economia de mercado abierta y exportadora a través de gobiernos militares, de derechas (Frei) y de izquierda (Allwyn, Lagos, Bachelet).

El PBI de Chile -con apenas 16 millones de habitantes- es de 142 billones de dólares anuales, contra apenas 192 millones para una Argentina de 40 millones (y en el caso de Argentina, ese PBI está aún recuperándose de una caída del 30% en 3 años -a 140 billones en 2002- por la devaluación- de un techo de 264 billones alcanzados en 1998 (no en vano los argentinos se sentían ricos entonces)

La social democracia chilena ha demostrado -como la inglesa y la española- que el crecimiento y la acción social no son incompatibles, sino necesariamente causa y consecuencia (no al revés).

Los gobiernos chilenos no han sido más generosos que los argentinos: han sido más productivos.

Brasil


(Clicke en el gráfico para verlo a pantalla completa)

Brasil muestra otro ejemplo de estabilidad en la adversidad: nacido entre convulsiones de una dictadura, enfrentó el mismo dilema en los noventa que Argentina, y superó la hiperinflación como ella, con un plan de convertibilidad.

A diferencia de la Argentina de Menem, el Brasil de Cardoso salió del 1 x 1 a un régimen de flotación y evitó una nueva caída en 1998.

El laborista Lula -algo así como si un Agustin Tosco fuera elegido presidente de Argentina- hizo gala de un clásico pragmatismo brasilero -o para otros, un genuino, no partidista ni patriotero nacionalismo- y continuó profundizando la economía de mercado establecida por Cardoso -primero como ministro de economía de Sarney (hoy presidente del Senado) - con un acento en apoyar la industrialización avanzada y exportadora que hoy luce a Embraer como la primer empresa productora de aviones de media y corta distancia del mundo.

Brasil en este período de 25 años también redujo su pobreza del 50% a menos del 20% (lo mismo que la Argentina de 2000-2003 hizo al revés)

Colombia

(Clicke en el gráfico para verlo a pantalla completa)

Marcada por la peor y más prolongada guerra civil de América Latina y convertida en rehén y paria del narcotráfico, Colombia inició en 1999 un plan de recuperación que revirtió todos estos problemas.

Gracias también a una economía abierta y exportadora de valor agregado, Colombia -con casi la misma población que Argentina- se ha convertido en uno de los tres países (ya nombramos los otros dos) que atraen el 80 % de la inversión extranjera directa de América Latina.

Porqué Argentina no puede salir del "sube y baja"?

(Clicke en el gráfico para verlo a pantalla completa)

En Argentina la economía ha funcionado desde 1983 entre "infartos" hiperinflacionarios o recesivos y "terapia intensiva" de paridad cambiaria fija (1 x 1, 3 x 1)

El problema central sigue siendo el culpar del fracaso a fuerzas externas -el FMI, la banca acreedora, las empresas americanas o españolas que invierten en el país- antes que a los verdaderos responsables del fracaso: los que han ganado fortunas con los vaivenes cíclicos de privatizaciones, devaluaciones, estatizaciones y devaluaciones.

Como en un mundo al revés (o un paciente que ha pasado demasiado tiempo en terapia intensiva), los argentinos siguen creyendo que el abrir la economía "mata la industria" (cuando en realidad toda su industria viene de aperturas económicas a la inversión extranjera que instalo usinas, ferrocarriles, automotrices, agroindustria e informática) y que el mercado fija precios más altos (cuando los datos económicos de la gráfica muestran lo contrario) que el Estado regulador.

Las devaluaciones -inevitables como la hiperinflación de 1989 o deliberadas como el default de 2002- (y no el FMI) han enviado a 30 % de los argentinos bajo la línea de pobreza y -lo que es peor en el largo plazo que medimos aquí- han espantado a los inversores serios dejando a los Marsanes y Botines que buscan un retorno fácil por la vía dle oligopolio, el amigopolio o la reventa.

El temido 2010

(Datos tomados de: The Economist, country briefings 2009)

(Clicke en el gráfico para verlo a pantalla completa)

Como todas las crisis anteriores, la recesión iniciada en 2007 golpeará a todos los países de América Latina, pero los afectará en forma diferente según sus políticas internas.

Chile, Brasil y Colombia emergerán rápidamente de una recesión menos fuerte gracias a su competitividad exportadora y a la sobriedad de sus gobiernos en el gasto.

Argentina enfrenta de nalgas a la tsunami, con un sistema insostenible de asistencialismo social que no ha podido crear trabajos ni sacar al 20% de desocupados y subocupados de la pobreza y con un sistema de precios internos irreales que no puede sostener y desatará una enorme inflación que tal vez se combata -con la misma cínica insensibilidad social que las anteriores- con otra devastadora devaluación.

Nada obliga a Argentina a seguir este camino, salvo el empecinamiento de su gobierno y la "narcotización chavista" en la que se autoengañan los que lo votaron por segunda vez en 2007 para que hiciera lo que ahora lamentan.

Tal vez estos datos les hagan pensar.

Nunca es tarde

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Referencias

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Saturday, July 4, 2009

Algo huele a podrido en Tegucigalpa

Una vez reducido el alboroto generado por las amenazas de un despechado Hugo Chavez de invadir Honduras para "reestablecer" el "gobierno legitimo" ante un "golpe militar", magnificado por la apresurada condena de una OEA impulsada por unos Estados Unidos que desean borrar su pasado golpista en America Latina, surgen mas y mas evidencias de fraude... en las noticias y las descripciones del "golpe".

Pronto nos enteramos que la Corte Suprema había rechazado un referendum para dar reelección a Zelaya. Zelaya -ni corto ni perezoso-, respondió lanzando el referendum en desafío a la Corte y ordenando a los militares llevar las urnas, a lo que éstos se opusieron. Ante este segundo "no", Zelaya destituyó al comandante del Ejército y nombró otro a su gusto.

La Corte pidió la renuncia a Zelaya, el Congreso de Honduras lo inhabilito y separo del cargo por la totalidad de los votos de los dos partidos (incluído el suyo) menos 4 votos- y el Ejercito lo detuvo y deportó del país, dejando el poder en manos de su sucesor constitucional, su correligionario del Partido Liberal y presidente del Parlamento, Rubén Micheletti, quien continuará con el mandato hasta las elecciones presidenciales de fin de año.

Los sondeos de Gallup/CID muestran que el 41 % de los hondureños apoya la destitución de Zelaya -contra apenas el 23% que se opone-, y el 67% considera que Zelaya estaba violando la Constitución

Desde Honduras, cuentan algo mas: el problema no está en Tegucigalpa, sino en Caracas:


Para los bolivarianos -que usan los Parlamentos de Escribanía y los cuarteles como cadeterías- , cualquier desafío al Poder del Ejecutivo es sedición intolerable, particularmente cuando el expulsado del poder era un socio converso reciente del Comandante Chávez.

Consultando un poco más, aparecen rápidamente indicios de que al "depuesto", el pintoresco "Mel" Zelaya le quedaba grande la reforma de la constitucion para sumar otra presidencia vitalicia a las de Hugo Chavez (Venezuela) y Evo Morales (Bolivia), tras las malas noticias de la catastrofe electoral del matrimonio Kirchner y su propuesta de eternizar su version del "modelo" bolivariano en Argentina.

Las manifestaciones de apoyo a Micheletti y a elecciones anticipadas sin interferencia venezolana no se han hecho esperar

En Honduras, habia rumores publicos (que Micheletti quiso aclarar en camaras con su correligionario liberal Zelaya) de que Zelaya -que solo obtuvo un 23% de los votos- preparaba un autogolpe si la Corte Suprema le negaba el referendum para la reeleccion (como ocurrio)

En realidad, la reaccion virulenta en la propia Honduras de apoyo a la destitución de Zelaya por las vias constitucionales (la Corte Suprema y el Parlamento) ha sido mas bien una nueva señal del rechazo creciente en toda America Latina al imperialismo intervencionista... del venezolano Chavez.

El secretario de la cada vez más chavista OEA llegó a "mediar" a Honduras en un avión de PDVSA y no sólo precalificó de "golpista" a una de las partes con las que debía mediar, sino que se refirió despectivamente a la Constitución de Honduras porque califica de "traición a la patria" el intento de modificarla por referendo (una cláusula evidentemente clarividente). Ante semejante evidencia de imparcialidad, fue enviado de vuelta en el mismo avión de PDVSA y Micheletti (no la OEA) pidió la mediación del Presidente de Costa Rica, el Premio Nobel Cesar Arias.

Cuando Arias insistió en seguir la vía de negociación con el gobierno constitucional provisorio de Micheletti, Chávez arremetió contra Arias acusándolo de "recibir órdenes de Estados Unidos"

Las nuevas elecciones -programadas para Enero pero probablemente adelantadas para Septiembre por estos extraños "golpistas"-- pronostican una derrota del chavismo al que se habia "convertido" recientemente Zelaya.

Sin la ayuda del aparato estatal y las arcas publicas para financiar el voto, librado a su popularidad personal y la de su padrino Chavez, Zelaya -que como tantos otros chavistas carga un pesado y frondoso prontuario de causas por corrupcion- tiene pocas chances.

De alli -en una palabra- las amenazas de invasion venezolana para derrocar a Micheletti



Que siguen a otras amenazas e intervenciones tales como

Cerrar el canal opositor Globovision



Dejar de vender petroleo a Europa



A la canciller de Alemania, Angela Merkel

Como amenazo con atacar a Colombia



Preve guerra interna en Venezuela antes las proximas derrotas electorales

Y de paso, una breve amenaza al "señor Obama"...

El lenguaje de guerra fria de Chavez para con sus vecinos recuerda al de la difunta Union Sovietica con las discolas republicas de Europa Oriental.

El imperialismo bolivariano esta al descubierto y se ha quedado sin excusa ante la victoria y nueva politica de no intervención impulsada por Obama.

Bueno o malo (y cuanto más sabemos más se inclina a lo primero), la crisis institucional de Honduras y la destitución del Presidente por el Parlamento y la Corte Suprema (que lo han ratificado) ha sido un episodio político interno de Honduras, un país tan soberano como Irán para resolver sus crisis políticas sin marines norteamericanos ni paracaidistas o Sujoys venezolanos.

Si el relevo de un presidente por otro de los poderes fuese causa de invasión, Argentina debería haber sido invadida en 2001 y 2002, cuando entraron y salieron (por la puerta y por el techo) 5 presidentes en dos semanas en medio del caos institucional y con manifestaciones pidiendo la renuncia de todos.

Chavez -dicho sea de paso- era entonces presidente de Venezuela, y guardó debido silencio.

El problema -para Chávez y los ayatollahs- es que las mayorías no valoran la distribución de la miseria ni a los gobernantes por derecho revolucionario. Simplemente prefieren retener sus modestos derechos constitucionales y cambiar presidentes en lugar de constituciones.

Quien exhibe una obsesión intervencionista y beligerante con sus vecinos como la que hemos suscintamente mostrado de Chávez, no esta en condiciones de "tomar examen" de antiimperialismo a nadie -y mucho menos en America Latina-.

Una creciente ola de derrotas electorales: Panamá, Argentina, probablemente Honduras va señalando un cambio hacia la moderación y modelos económicos y políticos que impulsen el crecimiento en lugar de distribuir la miseria y dejar rienda libre al saqueo y deterioro de los bienes públicos. (Venezuela importa gasolina, Argentina importará trigo)

Para no ser menos (y explicando poque Zelaya queria un referendum digitado antes de las elecciones), anulado el aparato chavista, el candidato opositor Porfirio Lobo, del Partido Nacional, encabeza las encuestas para las próximas elecciones contra el partido Liberal de Zelaya y Michelletti.

La furia chavista es directamente proporcional a la impotencia y al rechazo que suscita en todo el continente que quiere dominar.

No faltan centroamericanos y venezolanos que se den cuenta:

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Friday, April 3, 2009

G-20: Argentina asume su "tercera posición": de cúbito dorsal, al fondo a la derecha

Las fotos -como es habitual- hablan más que 100 declaraciones conjuntas. Obama asediado por prensa y presidentes, calificado de "Rey Taumaturgo" por El País, Cristina Kirchner, luciendo como el "General González" de Olmedo, aislada entre las espaldas de los jefes de estado y la borrachera gritona de los piqueteros londinenses contratados por las internacionales europeas para hacerla sentirse como en Buenos Aires.

El viejo y vilipendiado FMI sale con 1 trillón de dólares y amplios poderes para otorgar créditos a quienes los merezcan: el vilipendiado México recibe de inmediato 50,000 millones de dólares de "anticipo" (las reservas enteras de Argentina o un 30 % de su deuda total), países del Este de Europa suman de a 10 o 15,000 millones, Argentina, cero.

La co-presidente de Argentina vuelve para pensar cómo postularse para recibir crédito ante los estafados ahorristas y jubilados de España y de Italia -más de 500,000- que han visto evaporarse sus ahorros de una vida recibiendo un "corte de manga" por única respuesta.

Del mismo modo, les queda pensar cómo podrán eludir la cláusula de "libre comercio o escrache internacional" en los casos de la expropiación de Aerolíneas y de YPF, más las que venían presionando.

Más aún, las nuevas cláusulas darían a los productores rurales elementos para pedir auxilio internacional que los libere de las prohibiciones y cupos a la exportación con los que los ha castigado y amedrentado el régimen kirchnerista.

No hay peor cuña que la que se cree del mismo palo.

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Referencias

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