Entrevista a Mariano Bernardez sobre Transformando la Villa 31 en Barrio Mugica
MB: Muchas gracias, un gusto estar acá y poder compartir esta experiencia que, para mí, fue tan personal como profesional.
1. El origen del libro
BR: Para empezar, contanos cómo nace este libro. ¿Qué te motivó a escribirlo?
MB: El libro nace de una combinación de cosas. Por un lado, la experiencia directa: trabajé con el equipo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en el proyecto de integración de la Villa 31, que pasó a llamarse Barrio Mugica. Y por otro lado, una convicción profunda de que las villas no son el problema, sino el resultado de décadas de políticas erradas o ausentes.
Mi idea fue documentar este proceso no como una memoria institucional, sino como un modelo replicable, un caso de estudio sobre cómo transformar un barrio informal en un barrio integrado, con reglas, oportunidades y derechos para todos.
2. ¿Por qué se llama “Barrio Mugica”?
BR: ¿Y por qué el cambio de nombre es tan importante?
MB: Porque nombrar es reconocer. Villa 31 era un “no lugar”, una etiqueta marginal. Llamarlo “Barrio Padre Carlos Mugica” es reconocer la historia, el arraigo, la identidad y el derecho de sus habitantes a ser parte de la ciudad. Mugica fue un defensor del barrio, no un erradicador. Y este proyecto siguió esa visión: transformar sin expulsar.
3. Estructura del libro: un modelo integral
BR: Contanos cómo está organizado el libro y qué nos vamos a encontrar en sus capítulos.
MB: El libro está dividido en capítulos que siguen las tres dimensiones del desempeño social: la relacional (o interpersonal), la organizacional (económica-productiva) y la institucional (normas, reglas, derechos). Cada capítulo combina diagnóstico, acción y resultados.
4. Capítulo sobre historia: los errores del pasado
BR: Empecemos por el capítulo histórico. ¿Qué aprendimos?
MB: Aprendimos que la marginalidad no es un accidente, sino el resultado de políticas erráticas: erradicaciones, clientelismo, promesas incumplidas, falta de inversión sostenida. La villa fue creciendo como respuesta a esas ausencias. Pero también tuvo resiliencia, redes, capital social informal. Entender eso fue clave para diseñar una política distinta.
5. Capítulo sobre urbanismo: integración y no erradicación
BR: ¿Y cómo se abordó el urbanismo?
MB: A diferencia de planes anteriores, este proyecto no demolió la villa, sino que conectó, reordenó y mejoró. Se abrieron calles, se pavimentaron pasajes, se reubicaron viviendas de forma consensuada. Se construyó una nueva sede del Ministerio de Educación, centros de salud, escuelas, plazas. El objetivo fue coser el barrio al tejido urbano sin destruir lo que ya funcionaba.
6. Capítulo sobre la economía del barrio
BR: ¿Y en lo económico? Porque muchas veces se habla de pobreza, pero no se analiza la economía real del barrio.
MB: Exacto. El barrio tiene una economía vibrante pero informal, con ferias, talleres, comercios, alquileres, transporte, etc. El problema es que gran parte de esa economía estaba en manos de estructuras antisociales: narcos, punteros, extorsiones. El plan buscó canalizar esa energía emprendedora hacia la formalización: créditos, registros, infraestructura. En vez de reprimir el comercio, se mejoraron las ferias, se ofrecieron alternativas, se incorporó a AFIP y AGIP.
7. Capítulo sobre gobernanza y liderazgo
BR: ¿Y cómo se gestionó un barrio con tantos liderazgos, formales e informales?
MB: Esa fue una de las claves. En lugar de imponer un liderazgo único, se reconocieron los múltiples actores existentes: referentes, parroquia, iglesias evangélicas, cooperativas, ONGs. Se creó un Consejo Consultivo del barrio. Y se aplicó lo que llamamos el modelo de “ojos en la calle” de Jane Jacobs: más vecinos cuidando, más participación, más control comunitario.
8. Capítulo sobre el crimen y la pacificación
BR: Tema delicado: ¿qué pasó con la violencia y el narcotráfico?
MB: El crimen no se elimina solo con presencia policial. Se reduce cuando el barrio tiene alternativas reales: educación, empleo, espacios públicos, confianza. De 2016 a 2023, los delitos bajaron más del 35%, y se desmantelaron cocinas de droga y bandas gracias a una estrategia coordinada de urbanismo, justicia y comunidad. La transformación fue una forma de prevención del delito.
9. Evaluación: ¿funcionó el modelo?
BR: ¿Y hoy, siete años después, cómo evaluás el resultado?
MB: No fue perfecto, pero es el proyecto más integral y efectivo que tuvo la Ciudad en una villa en 80 años. Se lograron consensos, se evitaron desalojos violentos, se mejoró la infraestructura, bajó el crimen, se duplicó la escolarización. El gran desafío es sostenerlo, porque la transformación lleva décadas, no gestiones.
10. ¿Se puede replicar este modelo?
BR: ¿Puede aplicarse este modelo en otros barrios del país?
MB: Absolutamente. De hecho, ya lo estamos usando como modelo en Colon (Panamá), Tartagal (Salta) y otras ciudades. Pero requiere voluntad política, equipo profesional y participación vecinal real. No es magia, es trabajo sostenido, bien diseñado y medido.
11. Palabras finales
BR: Para cerrar, ¿qué mensaje le darías a quienes todavía piensan que las villas son irrecuperables?
MB: Que no hay barrios perdidos, sino políticas perdidas. Donde hay gente, hay capacidad de cambio. Lo que hace falta es ver a los vecinos no como beneficiarios pasivos sino como protagonistas. Y lo más importante: construir con ellos, no para ellos.