Los muchachos (y muchachas y muchachxs) kirchneristas la tienen con el campo.
Allá por 2009, con la infausta (para ellos) 127, les dedicamos La Nube de Pedo.
Hoy, 16 años después,nos confirman nuestras sospechas: no han aprendido nada.
Ni siquiera la sabiduría de callar a tiempo, siguiendo el consejo de Mark Twain:
"Es mejor quedarse callado y parecer imbécil que abrir la boca y confirmarlo."
La nube de pedo II: Impuesto al gas, becas militantes y las nuevas “jóvenes promesas”
Hay propuestas reveladoras, como el impuesto al gas vacuno que quiso dejar como souvenir la legisladora saliente Lucía Klug: una iniciativa que sólo puede compararse con lo que, en 2009, llamamos una nube de pedo.
A esta pasarela transversal de propuestas bochornosas y riñas de gatas se
suman casos de maquilladoras libertarias convertidas en “influencers”
legislativas y una galería de mujeres jóvenes tan ligeras de mérito
como de escrúpulos que reemplazan a las Cámaras legislativas por las de
Instagram y X.
La política argentina se ha vuelto especialista en promocionar a jóvenes conventilleras como si fueran parte de un reality show para descerebrados.
Se las trata de justificar como estandartes feministas, cuando en realidad son tan feministas como las coristas del Maipo en su vestuario.
El mensaje implícito es claro :“No hace falta estudiar, trabajar o construir una carrera”. Con la foto, te alcanza.”
El Estado como máquina de humo
Conclusión: es hora de ponerse serios
La Argentina no necesita un impuesto al gas. Necesita que quien legisle sepa escribir, leer, debatir, pensar y —si no es mucho pedir— trabajar.