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Sunday, July 26, 2009

Lecturas Recomendadas 71: Geopolitica de las emociones: la America Latina de la humillación contra la de la esperanza



En su reciente y brillante estudio Geopolitica de las emociones (2008), un discípulo de Raymond Aron, el experto francés Dominique Moisi describe como tres emociones básicas mueven las reacciones y actitudes populares hacia las ideologías y los gobiernos en el mundo: miedo, esperanza o humillación.

El miedo, dice Moisi, rige a las sociedades más desarrolladas cuando ven peligrar su forma de vida: miedo al desempleo, la inmigración, el acoso del terrorismo, sacuden a Estados Unidos y la Comunidad Europea, Japón.

El miedo da pie a políticas defensivas, de guerra preventiva -como los 8 años de Bush después del ataque del 11 de septiembre del 2001, las invasiones de Israel al Líbano o los muros ergidos entre Israel y Palestina, entre shias y sunnis en Bagdad o entre México y Estados Unidos-.

El resultado del miedo es paradojal: intensifica lo temido y lo alimenta: guerras extendidas, más terrorismo, estanflación y alta inflación siguiendo a las recesiones.

La paraonia desemboca en militarismo, racismo y cierre económico, agravando la decadencia por si mismo.

"Lo único que debemos temer es al miedo mismo," dijo Franklin Roosevelt al asumir la presidencia en 1932 a millones de americanos desesperados por años de de desempleo creciente que dormían en los parques públicos o sus autos y comían en filas de ollas populares.

Otra parte del mundo, en cambio, experimenta la esperanza de quienes ven un futuro inmediato mucho mejor que el presente: India, China, y el Asia creciendo durante las últimas dos décadas a tasas extraordinarias han movido a 700 millones de personas de la miseria a la clase media y comienzan a protagonizar Juegos Olímpicos y la economía mundial, ya como miembros del G-20 o prestamistas y compradores de activos en los países ricos dominados por el miedo.

También los emiratos árabes experimentan esperanza, que se manifiesta en apertura a la inmigración y el comercio, y una creciente tolerancia a las otras culturas.

Esperanza sentian los americanos después de la Segunda Guerra y con los Kennedy, los italianos y españoles llegando a la Argentina de 1870 a 1930 y durante los años dorados de la postguerra del primer peronismo.

La esperanza también puede transformarse en miedo y humillación con caídas como la Depresión de 1930 y el default de 2002-

Otra parte del mundo, en cambio, que ha caído en la miseria desde un pasado remoto u próspero, está dominada por la humillación: el Medio Oriente tras las humillantes derrotas militares de 1967 y 1973, y las olas de gobiernos autoritarios y corruptos plantados por intereses extranjeros para explotar los recursos naturales con ayuda de elites locales.

La humillación se caracteriza por la convicción de la impotencia, de la imposibilidad de progresar, y los sentimientos de furia, resentimiento y odio dirigidos hacia los que progresan, bajo cuya lógica alienada se puede sacrificar una vida que no se siente que valga nada, para demonizar y destruir a los que progresan.

La humillación es el perfecto caldo de cultivo para la prédica racista, clasista o belicista de los Hitler, Mussolinis, Bin Laden, Kirchners o Chavez, que buscan colocar en un "enemigo" externo -judíos, inmigrantes, americanos, infieles o gringos (o una combinación de todos ellos)- la fuente de la propia decadencia y atraso.

América Latina se debate entre las humilladas Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador o Nicaragua y las esperanzadas Chile, Colombia, Brasil, Costa Rica, Panamá.

Estados Unidos se debate entre la esperanza despertada por Obama -su primer presidente negro, evocador del Camelot de Kennedy- y el miedo predicado por la extrema derecha republicana y el lobby neoconservador que proponen el retorno al laberinto de la intriga de Nixon y la violencia paranoide de Bush y Cheney.

Israel vacila entre el miedo de Sharón y Netanyahu y la esperanza renacida tras el discurso de El Cairo y la llegada de negociadores como Holbrook y Clinton y negociaciones creíbles.

La elección del esperanzado Obama tiene el potencial de alterar el sentimiento de humillación que mantiene a los ayatollahs de Irán en el poder de su tiranía medieval en la esperanza de los que votaron contra ellos y salieron a defender en la calle su fe en un futuro mejor.

Los negros y latinos de Estados Unidos han dejado de refugiarse en el rap de la humillación y el resentimiento para volver a la esperanza que impulsan los entusiastas Obama en la Casa Blanca.


Los mercaderes de la humillación -Ahmedinajad, Chavez y sus gobiernos satéltes, Bin Laden y sus acólitos- responden con incrementados esfuerzos de culpar al inesperado Obama de las protestas contra sus regímenes y la creciente deserción de sus desesperados hacia el campo de la esperanza.

Argentina es arengada continuamente desde la humillación por el discurso maniqueo de Kirchner y Duhalde culpando al FMI de los resultados de la gestión de gobiernos que apoyaron e integraron durante 10 años, tratando de vestir a los chacareros del siglo 21 de miembros del Jockey Club, y tratando de alentar violencias sociales y hasta raciales por medio de sus DElias y Morenos .

La oposición -en lugar de despertar esperanza- suscita nuevamente miedo, por su falta de alternativas a la política sin salida en curso.

No le cuesta mucho al gobierno usar el miedo amenazando con repetir el default con el que salieran de su deuda acumulada fogoneando la humillación de los cacerolazos y los escraches.

Argentina no tendrá esperanza hasta que deje de votar por miedo o humillación y elija salirse de las opciones con las que la corrupta dirigencia del PRI argentino la corre entre ambos sentimientos.

Podrá la Argentina producir un Obama? Porqué no?. Como Estados Unidos, no sólo tiene los ghettos sociales de Puerto Madero o la Villa 31 y el GBA, sino los olvidados pero siempre latentes incubadores de jóvenes esperanzados e innovadores como los que levantaron Palermo e investigan en las universidades estatales y privadas.

Sólo que -a diferencia de Estados Unidos- las puertas de acceso a la política están cerradas por una corporación mafiosa y mediocre con "elencos estables", empresarios amigos y testaferros que controla los partidos políticos y las bancas, dejando escapar unas pocas pero notables excepciones como el diputado Fernando Iglesias -a quien ni votamos ni apoyamos pero respetamos- y autor de tres excelentes libros, aislado pero no invisible en el Parlamento de Alí Babá y al que ponemos aquí como ejemplo concreto de que todavía hay potencial para producir Pellegrinis, Palacios y De la Torres en estas tierras -y quizás poner alguien competente y decente en la Rosada.


Si Argentina vuelve a pleno a la Constitución de 1853 anulando las reformas fascistas de 1974, 1994 y engendros como la atribución de bancas a los partidos y el Consejo de la Magistratura, con representaciones uninominales por distritos (como los sabios constituyentes del 53 previeron), muchos individuos como Iglesias -no afiliados a partidos, independientes- podrían ocupar bancas, impulsar leyes serias y eventualmente postularse a la Presidencia -como hizo el joven Obama emergiendo como senador en el corrupto Illinois.

Argentina puede volver a ser lo que debe ser si recupera la República y la democracia liberales (no "neo"liberales) de Moreno, Alberdi, Sarmiento, Avellaneda, Saenz Peña y Mitre que produjo dirigentes como Carlos Pellegrini, Leandro Alem y Juan B Justo, legisladores como Palacios y De la Torre, cancilleres como Mariano Varela y Carlos Saavedra Lamas, intelectuales como Houssay, Borges y Cortázar -derechas, centros e izquierdas unánimente contra el fascismo, el homicidio político y la suma del poder público-

Cuando el "socialismo nacional" fascistoide que hoy cumple 70 años dominando la Argentina dió su primer golpe en 1930, los argentinos comenzaron a pasar por primera vez de la esperanza de su constitución liberal a la humillación a manos de las autocracias locales (impuestas con bayoneta o voto-choripán) y sus amigopolios en la que han seguido viviendo con contadas pero recordadas excepciones.
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Referencias

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Saturday, March 15, 2008

Fascismo del siglo 21

Las nuevas horneadas del viejo horno de megalópatas siguen llegando a las panaderias de nuestro siglo. Como la mala hierba, Adolfo Hitler y Benito Mussolini han "reencarnado" en una nueva generacion de sociópatas que reemplaza el culto de la raza aria y la resurrección del Imperio Romano por el Califato Global y el Socialismo del Siglo 21,

Bin Laden y Zawahiri, Ahmedianajad, los ayatollahs, los Mugabes de Africa y los Castros y Chavez de Lationamérica usan sus repetidoras de madrassas, "educación socialista" y maratones televisivas para honrar los métodos del maestro Goebbels.
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El homenaje del fascismo del siglo 21 a sus fuentes ideológicas no rehuye ninguno de los viejos motivos de "la causa" hitleriana, como negar la existencia fáctica del Holocausto y se lleva a cabo usando preescolares que recitan ante sus jovenes maestras por la TV árabe el viejo mensaje antisemita (y ahora también antiamericano y antioccidental) a un fértil auditorio de árabes y palestinos pobres, analfabetos y oprimidos (aunque no en ese orden) a los que se propone una "carrera" o "salida" a través de la inmolación suicida.

Los africanos y latinoamericanos usan sus cadenas televisivas con entusiasmo, promoviendo el enrolamiento en guerrillas en las que otros púberes practican el secuestro, la tortura y mutilación en las selvas de Colombia, Venezuela, Ecuador, Darfour y Zimbabwe bajo la supervisión de octogenarios narcotraficantes.

Nuevas caras, viejos métodos: la inculpación de los judíos por todos los fracasos nacionales se complementa ahora con la de los "infieles" y los "imperialistas" que progresan mientras las naciones musulmanas y bolivarianas se debaten en la miseria, exculpando inmediatamente a sus propios dictadores, demagogos y -por supuesto- a los líderes-sheik-"comandantes" y los "mártires revolucionarios" que abandonan a sus madres en la miseria real para ir a disfrutar las 70 vírgenes prometidas por sus manipuladores en el nuevo Valhalla de un Corán mutilado a medida de las necesidades políticas.
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Mucho poster con bandanas, muchas T-shirt del Che, mucho desfile de ataúdes prematuros, golpes en el pecho, flagelación y acusación al enemigo "imperialista" genérico, extranjero, próspero y convenientemente privado de voz que pueda refutar o cuestionar los cargos.

Los kamikaze de Pearl Harbor y Midway son reemplazados por atacantes suicidas que tratan de estrellar aviones comerciales en edificios, restaurantes o buses-símbolo llenos de víctimas sospechosas de envidiable prosperidad y "normalidad"

Si el fascismo del siglo 19 y 20 era para Gramsci el "socialismo de los imbéciles", en nuestro siglo 21 la imbecilización de las sociedades económica e intelectualmente oprimidas por omnipotentes minorías locales lo ha convertido en grito de "jihad" para concretar la autodestrucción de las víctimas.
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Hablamos del único segmento del mundo que -mientras 3.000 millones en India y China superan el hambre ancestral por medios pacíficos- sigue hundiéndose en la miseria, corriendo hacia el pasado y el atraso, condenado a vivir en un círculo vicioso de ignorancia y fanatismo autodestructivo que asegura la provisión de nuevos mártires suicidas para una interminable e inevaluable "intifada", que deja a sus pueblos cada vez más... derrotados, oprimidos y resentidos y a sus "dirigentes" cada vez más lejos del control popular y más cerca de cuentas numeradas en Suiza.

Los hornos se montan ahora en pocos minutos en Torres gemelas, bombas humanas y se financian con narcotrafico. En ellos mueren tanto las victimas como los victimarios, llevando la lógica hitleriana a un grado de pureza tan diabólica como absoluta.

Repitiendo su primer encarnación del Pacto Ribbentrop-Molotov, el "progresismo" occidental trata de relativizar la amenaza con argumentos "multiculturalistas", con el famoso "esa no es nuestra guerra" o el más insidioso "por algo será".

Hasta que nos toque a nosotros.