En su discurso de anoche ante 40,000 estudiantes, ciudadanos y deudos en el estadio de la Universidad de Arizona, Barak Obama comenzó a desmontar el clima de exasperación generado por la retórica intolerante de derechas e izquierdas que depositó casi 70 nuevos congresistas del "Tea Party" en la nueva legislatura.
Obama volvió así a ser el candidato post partidista que había sido elegido en 2008 sobre el lema de "hope and change" (esperanza y cambio). En los últimos dos años, hubo mucho cambio -reforma sanitaria, financiera, gays en el servicio, por citar algunas de las más difíciles- pero cada vez menos esperanzas -en parte por la tremenda crisis económica heredada, en parte porque Obama "tercerizó" la implementación de los cambios dejándolos en manos de la izquierda demócrata dominada por los sindicatos docentes y la vieja doctrina clientelista de la era de Franklin D. Roosevelt que hoy la mayoría de los americanos ve como insostenible-
Tras la resonante derrota de las elecciones legislativas, Obama parece haber retornado a sus fuentes y tendencias centristas , donde -como las emocionadas multitudes de Tucson y los enormes ratings de aprobación post discurso demuestran- parecen estar la mayoría de los americanos.
En un país donde los ciudadanos pueden -y suelen- rápidamente cambiar de idea, fijarse en resultados y castigar a los gobernantes que los decepcionan y donde el 45 % de los votantes se definen como independientes, oscilando entre los dos partidos y según los candidatos, el auge del extremismo partisano del Tea Party es una anomalía antes que una tendencia.
El mismo Obama es un ejemplo de cómo eligen los americanos a sus dirigentes: desconocido para el 70 % de los votantes un año antes de las elecciones de 2008, Obama pudo derrotar a políticos con larga trayectoria y apoyados por los poderes internos de su partido -como los Clinton- e incluso captar votos en estados tradicionalmente republicanos en base a su excepcionalidad, dándole a los Estados Unidos su primer presidente negro.
Pero si su carácter moderado y su retórica post partidista fue una fortaleza para resultar elegido, su falta de apoyos internos en su partido lo obligó a apoyarse en los votos que los sindicatos y la izquierda demócrata controlaban en el Congreso saliente y -más críticamente- seguir sus prioridades orientadas a expandir el estado benefactor antes que a limitarlo. Y eso, en medio de una gran recesión que duplicó el desempleo y los temores económicos mandó los índices de aprobación de Obama y el Congreso por las escaleras, causándole una "paliza" -como él mismo la llamó- electoral.
El Tea Party, por su lado, se encuentra ahora en una encrucijada: puestos en la legislatura, deben ahora proponer un camino alternativo o quedarse en el discurso exaltado e irascible que ayer Obama denunció con amplio apoyo de la mayoría de los americanos.
La masacre de Tucson le pegó como un pesado boomerang a Sarah Palin -una de las figuras que explota la retórica violenta para captar apoyos del Tea Party-, quien durante la campaña legislativa había montado un mapa electoral en donde los candidatos a derrotar aparecían con sus nombres en blancos de tiro con el lema de "refutar y recargar".
En uno de esos blancos estaba precisamente la congresista baleada en Tucson, que varios meses antes había denunciado esa retórica en términos contundentes:
En un país que ha progresado generación tras generación y ahora se enfrenta a unos años de estancamiento, los votantes volverán a elegir a quienes proporcionen una visión positiva y acciones concretas con resultados exitosos.
La retórica de la furia y la polarización como mecanismo para captar votos -que tanto vende en los frustrados y quebrados países del arco bolivariano y el Medio Oriente- no llega muy lejos y genera rechazo en los que -como los Estados Unidos, Europa Occidental e incluso los emergentes del BRIC- tienen esperanza de que los próximos tiempos serán mejores -como explica Dominique Moisi en su libro "Geopolítica de las emociones" (comentado por otro autor en este mismo Blog) donde señala la tendencia de las sociedades o grupos que experimentan fracasos y caídas de su nivel de vida a ser seducidos por retóricas maniqueas y violentas -desde El Manifiesto Comunista tras la crisis del Rhin de 1840 a Mi Lucha en la era de la hiperinflación de 1924 y la Depresión del 30 a los comunicados de Bin Laden en el Medio Oriente quebrado por la caída de los precios petroleros, humillado en las guerras contra Israel, dominado por jeques y teocracias corruptas e invadido por británicos, franceses, soviéticos y americanos-.
Hoy el Tea Party cosecha adherentes entre los blancos desempleados del Sur y Sudoeste americano.
Obama dio un paso importante en la dirección adecuada. Y si la recuperación económica lo acompaña, tal vez sea un presidente de dos términos y pueda ejecutar cambios duraderos.
Por ahora, los miembros del Tea Party han sido formalmente invitados a tomarse un té calmante.
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Referencias
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