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Saturday, January 22, 2011

Mexico: sin regla de ley, no hay manera de desmantelar el narcoestado

En abierta contradicción con la propaganda "progresista" contra el uso de fuerzas militares y policiales para combatir la guerra entre narco traficantes que desangra a México, la mayoría de la población (80 %) apoya el uso de fuerza militar e incluso considera que se ha avanzado.


Al mismo tiempo, y también en contra del argumento de que "la única manera de combatir el narcotráfico es legalizar el consumo en USA" o -más abiertamente- que la violencia en territorio mexicano es primordialmente culpa del gobierno de Estados Unidos, la mayoría de los mexicanos (51 %) está convencida de que es problema de ambos países.

La realidad es que México se ha transformado ya en un narcoestado al estilo de Colombia, y por razones similares.
Es importante analizar y desnudar la endeblez de los argumentos pseudo progresistas uno por uno:
  • El consumo americano crea la violencia en México ?: la realidad indica que si esto fuese el único motivo, Canadá -con una frontera mucho más grande y menos controlada y un territorio deshabitado con fácil acceso y canales a Europa y Asia- debería tener un problema igual o mayor que México. La razón de que esto no ocurra es simple: la vigencia de la regla de ley y funcionamiento interno de la justicia y la policía combinados con una economía que genera empleos mucho más seguros y atractivos hacen mucho más costoso y difícil para los narcotraficantes operar en Canadá que en México. En tanto México sea un país "amistoso" para el tráfico de drogas por su carencia de orden jurídico, la masiva corrupción de las instituciones y particularmente la policía, seguirá siendo el Hong Kong de las drogas como sus similarmente anómicos socios Afghanistan, Nicaragua y Venezuela.

  • Despenalizar el consumo en Estados Unidos pondría fin al narco tráfico beligerante en México ?: el consumo legal en los Estados Unidos simplemente pondría mejores condiciones para la operación de los carteles en México en tanto éste siga siendo hospitalario por las razones internas mencionadas. Más aún, la legalización del consumo invitaría al "maquilado" de la producción en aquellos narcoestados que ofrecen condiciones más "competitivas" -la falta de regulación legal-.

  • De hecho, el argumento por la despenalización -apoyado ni más ni menos que por Milton Friedman- es un argumento "libremercadista", que supone que desrregular las fuerzas del mercado resolverá el problema. Y es correcto -si se desrregula también la producción y se garantiza el derecho legal a productores y proveedores legales de competir por proveer a los adictos de los medios para suicidarse-
  • El desrregular el consumo sin hacerlo con la producción en México -que sólo se puede regular con leyes y controles inexistentes, socavados por la degradación del orden jurídico y el Estado- operará de hecho como un poderoso impulsor de desarrollo para el narcoestado , que ya genera importantes ingresos para sus campañas y empleo de los grupos que manejan la droga.

  • México es un país pobre y no puede derrotar militarmente al narcotráfico ?: este es el mismo argumento que se empleó en la Colombia de Escobar. Colombia -con ayuda americana y europea- pudo revertir el narcoestado precisamente haciendo imponer la regla de ley con una prolonogada y exitosa combinación de acción policial y militar y una vuelta a las instituciones legales y -como consecuencia- un renacimiento de la actividad económica que genera alternativas al empleo narco. Reflejando el nivel de angustia que la corrupción e incapacidad del estado mexicano para garantizar vida y hacienda produce, En 2010, un 26 % de la notoriamente nacionalista población mexicana apoyaba una intervención directa del ejército americano y más del 50 % apoya acciones conjuntas de ambos ejércitos para controlar la violencia y erradicar los "refugios" de la droga. Pero más allá de esta primer condición, es necesario que México inicie un programa intensivo de desarrollo económico emprendedor que genere empleo legal y decente para los miles que hoy tienen sólo la opción de emplearse en los carteles -que ya ponen avisos clasificados en la vía pública para reclutar-
El narcoestado mexicano ha surgido como consecuencia primaria de 70 años de deterioro y destrucción de las instituciones básicas -justicia, policía, poderes locales- y la institucionalización de la corrupción y la probreza masiva del 50 % de la población que -como en Afghanistan y Bolivia- crean las condiciones ideales para el establecimiento de una industria mafiosa

Fue el Chicago corrupto de los años 20 el que permitió a Al Capone desarrollar un imperio dentro de la ciudad e inclusive presentarse como un defensor de los pobres, estableciendo la primer olla popular en los barrios que deseaba controlar -una lección que Pablo Escobar aprovechó 60 años después en Bogotá-.
Es el Afghanistan de los jefes tribales, Talibanes y dirigentes como los hermanos Karzai el que hospeda otra enorme operación de droga, convertida en la primer y casi única fuente de divisas del país.
Legalizar el consumo -como lo muestra el caso de Holanda, que dio para atrás con sus leyes permisivas iniciales- no modifica sino que atrae la industria a las cercanías.
En el caso de México, la regla de ley es la clave para salir a la vez de la miseria clientelista y del infierno de la "ley de la selva" en la que medran los carteles.
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Referencias
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Saturday, March 20, 2010

Lecciones de Brasil: orden y progreso en lugar de "progresismo"

La fotografía que preside este artículo lo resume todo: un sólo país dedicado por su propia bandera al "orden y progreso", dos presidentes -uno de "izquierda" laborista, otro de "derecha" empresarial- saludando juntos para festejar la transición en el poder.

Mientras la América Latina "bolivarianizada" se sigue debilitando y atrasando en los círculos viciosos de cambios ficticios entre la "derecha" neoliberal y la "izquierda" neofascista que se anulan recíprocamente trasladando ingresos a los mismos grupos de amigos del poder y ahuyentan las inversiones y el acceso a crédito genuino, Brasil ha optado por distinguir sólo dos direcciones: "hacia adelante" o "hacia atrás".

Y ha optado por ejecutar y mantener el rumbo "hacia adelante", con metas claras: -crecimiento económico acelerado, penetración en nuevos mercados, exportaciones de alto valor agregado, atracción de inversión extranjera- con gobiernos de "derecha" o de "izquierda" (que además colaboran entre sí)

Esta imagen de normalidad y sentido estratégico es lo que distingue a Brasil de Cuba, México, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina, países en los que los presidentes conspiran unos contra otros y jamás hacen otra cosa que asumir echando las culpas a "la herencia del pasado" y demonizando y deshaciendo todo lo que les precedió, hasta que les llega el turno de huir en helicóptero del desastre que dejan a su sucesor.

Con sólo mirar a su bandera, los brasileños saben lo que tienen que hacer. Y lo han hecho por los últimos 25 años sin descanso.


En los años ochenta, los brasileros solían expresar su escepticismo diciendo que "Brasil es el país del futuro... y siempre lo será". Plagado por el populismo de Vargas, Goulart y las plagas de las dictaduras militares, asediado por la inflación galopante y la pobreza creciente y secular, Brasil semejaba la "India de América Latina".

En la década del noventa, Fernando Henrique Cardoso -un sociólogo que comenzó en la izquierda- asumió el ministerio de economía de José Sarney casi accidentalmente (así lo relata en su excelente libro "El presidente accidental del Brasil") y lanzó el Plan Real, frenando la hiperinflación y sentando las bases para una economía estable que continuaría el gobierno laborista de Lula.




A pesar de la crisis de 1998, Cardoso supo sacar a su país de la paridad fija y abrir la economía a nuevos sectores y la exportación. Sin default, sin incautar ahorros ni jubilaciones.

A diferencia de los ciclotímicos México y Argentina, su sucesor, el laborista Lula, siguió la estrategia económica y mantuvo las reglas de juego.

Sin paros agropecuarios ni conflictos por retenciones con los productores. Sin ejercitos de desocupados cortando calles. Sin interminables conflictos entre poderes. Todos tirando en la misma dirección: la de Brasil.

Con empresas estatales eficientes -como Petrobrás- que usan inteligentemente el capital privado y extranjero para producir y con privatizaciones igualmente inteligentes -como la de Embraer en 1994, que transformó en apenas una década a una empresa estatal deficitaria desde los sesentas en la primer productora de aviones medianos comerciales del mundo-

La evolución económica de Brasil en los últimos 25 años muestra la consistencia de su politica de apertura y desarrollo de su mercado, que se puede contrastar con los vaivenes que hicieron que Argentina -que lo aventajaba en todos los pronósticos de los ochenta- fuera perdiendo vertiginosamente el liderazgo y quedando rezagada:

Asumido y reconocido como potencia BRIC junto con China, India y Rusia, Brasil se ha convertido en el receptor del 40 % de la inversión extranjera y el foco de los pronósticos más entusiastas de los especialistas:





Su fortaleza no es ya sólo "soja, samba y playa", sino tecnología, usando tanto el sector público como el privado en forma eficiente y competitiva:



Brasil emerge como una potencia regional





Treinta años de perseverancia en el desarrollo de etanol y su adopción en la industria automotriz está generando admiración y abriendo oportunidades de negocios en los Estados Unidos:





Y una prueba de todo esto es que ya se habla en los países desarrollados de estos resultados de Brasil para el 2050:





Cuando la América Latina "bolivariana" se despierte del autoengaño -y la inevitable bancarrota- de las recetas clientelistas, Brasil será uno de los ejemplos a imitar.

Y su economía la locomotora que ayude a poner en movimiento a las demás con mercado y con inversiones.

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Referencias

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Sunday, February 7, 2010

Inseguridad: Las teorías "progresistas" crean crimen. Porqué no probar lo que tuvo y tiene éxito ?

Un reciente artículo de la especialista en crimen Heather Mac Donald expone las lecciones aprendidas en las experiencias de lucha contra la inseguridad en Nueva York y Los Ángeles.
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Durante los años setentas dominados por las doctrinas "progresistas", ambas ciudades aplicaron las teorías "de moda" consistentes básicamente en no reprimir el delito pequeño y "tolerar" la mendicidad, la prostitución callejera y la basura en las calles como fenómenos "sociales", convirtiendose en calderas colosales de crimen violento, reflejadas en las estadísticas más altas del país.
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Ignorando la abrumadora evidencia en contra, el mismo modelo ha sido aplicado en el período 2000-2010 sobre las mismas premisas ideológicas en la Argentina de Kirchner y la Venezuela de Chavez, con iguales resultados:

Los países de América Latina que aplican teorías "progresistas" de la inseguridad marchan a la cabeza de la estadística de crimen en toda América Latina

Bajo esta teoría, se tolera el "crimen pequeño" -contra la propiedad (graffittis, basura) o las normas sociales de convivencia (mendicidad, prostitución callejera, ebriedad, peleas) y se busca la solución dedicando a la policía -y luego el Ejército- para combatir el "delito grande" y prohibiéndole "reprimir" el "pequeño".

La teoría ha fallado estrepitosamente en Argentina



Espectacularmente en Venezuela



Y trágicamente en México, donde las políticas "progresistas" de ignorar las conductas antisociales han creado una "industria paralela" de la seguridad privada (hoy copiada por Venezuela, Brasil y Argentina) que se vuelve una fuente de corrupción e inseguridad en sí misma -como también ocurre con las policías y ejércitos concentrados en "combatir el narcotráfico" que -invariablemente- terminan organizándolo:



Heather Mac Donald, en cambio, nos propone ver qué es lo que ha tenido éxito.
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En los años noventa, Nueva York y Los Ángeles redujeron un 90 % los crímenes violentos haciendo lo contrario de la teoría "progresista".

Aplicaron los resultados del estudio sobre "ventanas rotas" realizados en Chicago por los sociologos Kelling y Coles (1982) (citado también por Malcom Gladwell en su "best seller" The tipping point) concentrandose en eliminar y prevenir rápidamente el "crimen pequeño": grafittis y vidrios rotos, ocupación de edificios vacíos, basura, gente durmiendo y usando menores para mendigar en la calle, prostitución, ebriedad, haciendo saber así a los criminales profesionales que habia vigilancia.

Londres eliminó así el crimen en la calles de sus barrios más violentos :



Y Rudy Giuliani recuperó Times Square en Nueva York, eliminando los cines porno, limpiando las calles y haciendo cumplir las prohibiciones de pintar y dañar trenes y paredes, orinar, saltarse los molinetes del tren, andar borracho por la calle, pelearse, llevar armas de todo tipo y mendigar usando los famosos "trapitos".



El crimen cayó en 2009 un 77 % adicional en Nueva York y un 17 % adicional en Los Ángeles, convirtiendo a ambas ciudades en las más seguras de los Estados Unidos, haciendo subir el valor de la propiedad, el turismo y las inversiones que -a su vez- reforzaron el ciclo de limpiar, cuidar y prevenir.
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Gracias a las politicas introducidas por Giuliani, el metro de Nueva York se transformó de un escenario de escenas cotidianas de violencia como las reflejadas por filmes como "El incidente" -que dramatizaban las consecuencias de las políticas del "progresista" alcalde Lindsay de "no reprimir" el vandalismo -, mlostrando la realidad habitual de pasajeros sometidos como presas indefensas a los abusos de psicópatas como los retratados por Tony Musante:


o debían defenderse con armas de fuego -como Charles Bronson en su serie de "El vengador"(Death wish)- que reflejaba un incidente real de "justicia por mano propia" -el de Bernard Goetz en 1984- ocurrido en el metro neoyoquino- (noten cómo el policía -siguiendo las instrucciones de "no reprimir" de su manual de instrucciones "progresista"- se retira a otro vagón cuando ve entrar a los vándalos)
En lo que ahora puede comprobar cualquier pasajero del tren "A" a Harlem hoy día:



Y el alcalde Enrique Peñalosa transformó así también a Bogotá, garantizando la seguridad en el transporte público y creando sendas para buses y para bicicletas que hoy conducen al 70 % de los ciudadanos de todos los niveles económicos en vehículos limpios y les permiten estacionar miles de bicicletas en hangares seguros (reduciendo así a la vez crimen y contaminación):



Qué tal si en lugar de ignorar las lecciones de éxito y repetir las del fracaso nuestros gobiernos progresistas prueban de aplicarlas?

John Maynard Keynes -el economista "heterodoxo" que suelen venerar los "progresistas"- dijo algo que deberían escuchar:

"Cuando los datos cambian, yo cambio mis opiniones, y Usted, señor ?"
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Recordemos que la definición técnica de la locura es hacer una y otra vez lo mismo esperando un resultado diferente.
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Intentemos algo distinto, para variar: basarnos en los datos probados por la experiencia en lugar de teorías de café o lemas de barricada refutados por cientos de aplicaciones fallidas en el mundo real.
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Todas las ciudades latinoamericanas gobernadas con la doctrina "progresista" de ignorar la conducta antisocial -Caracas, Rio de Janeiro, Buenos Aires- viven el sobresalto de la inseguridad rampante -como la Nueva York de los 70 y la Los Angeles de los 80- mientras que aquellas que han aplicado las lecciones de la "ventana rota" -como Bogotá, Santiago, Chicago y Londres actuales- han vuelto a vivir en paz.
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El resto es cháchara.
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Referencias

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